Cómo es una terapia de pareja: fases, proceso y técnicas (guía completa)
Cómo es una terapia de pareja: fases, proceso y técnicas (guía completa)
Esta es una guía completa sobre cómo funciona la terapia de pareja, paso a paso. Si estáis pasando por un momento difícil y queréis ayuda profesional, podéis conocer nuestra terapia de pareja en Valladolid.
Conceptos básicos de la terapia de pareja
Como ya vimos en un artículo anterior el proceso terapéutico cuando se trata de abordar problemas en la relación de pareja, comienza por lo que llamaríamos una fase conceptual. En ella, se explican los conceptos fundamentales sobre los que se asienta la terapia y el modelo teórico que la sustenta y que marcará los distintos pasos a seguir.
Si anteriormente describíamos el «amor» como el intercambio complejo de conductas gratificantes en sus dimensiones motora, cognitiva y emocional; es lógico concluir que la situación de conflicto en la pareja se conciba como un proceso de intercambios de conducta inadecuados que se dan entre los dos componentes de la misma. Esta conceptualización lejos de ser algo simplista y/o determinista, pretende todo lo contrario, esto es, dotar de poder a los miembros de la pareja para intervenir en la relación de una forma efectiva que la mejore.
Se hace hincapié en que la relación es algo vivo, evolutivo y modificable a través de los cambios que cada uno de los componentes de la pareja introduzca voluntariamente en sus comportamientos. Es por ello que es tan importante que ambos se impliquen activamente en las tareas y esfuerzos que la terapia va a conllevar y que adquieran una concepción operativa del amor y de sus intercambios afectivos. Solo cuando estamos convencidos de que podemos cambiar las cosas, lo hacemos; de lo contrario… ¿para que molestarnos?.
Es tarea del Psicólogo implicar a los dos miembros de la pareja en el proceso terapéutico haciéndoles ver cuales son los mecanismos que explican la aparición, mantenimiento y/o extinción en su caso de los comportamientos ; cómo en base a ello, ambos son corresponsables de la conducta del otro y la importancia que tiene su participación activa en la terapia. Además es importante que entiendan bien los mecanismos de aprendizaje para que se sientan motivados a trabajar en ellos y les sirvan como herramientas para poder solucionar los conflictos presentes y los que pudieran surgir en un futuro.
Algunos de los conceptos que se integran en ésta fase explicativa son:
- Principio del refuerzo positivo: Para conseguir que la frecuencia de una conducta se incremente o intensifique hay que responder de forma gratificante al que emite dicha conducta. (Por ej. si nos gusta
que nuestra pareja nos sorprenda, deberíamos «premiárselo» – con gestos cariñosos o comentarios positivos – cada vez que lo haga) - Principio de aproximaciones sucesivas: Se refuerza cada “pequeño paso” hacia la conducta deseada ( quizá a nuestra pareja le cueste mostrarse cariñosa en público, pero debemos reforzar los pequeños gestos que se acerquen al comportamiento final que deseamos – por ej. que nos dé la mano -)
- Principio de modelado: Aprendemos comportamientos que vemos exhibir a otros, aprendemos de modelos. ( Ver como se comportan otras parejas nos puede servir para “copiar” comportamientos que nos gustaría estuvieran presentes en nuestra relación)
- Principio de extinción: Una conducta que no se refuerza, acaba por extinguirse. (Po ej. si nuestra pareja está disgustada, chillando y perdiendo el control, contestarle sería una forma de reforzar ese comportamiento ya que le damos atención. Si éste refuerzo desaparece – por ej. no le contestamos mientras esté descontrolado – la conducta tenderá a hacerlo también)
- Principio de incompatibilidad: Hay comportamientos que son incompatibles con otros. Por ej. besar y/o abrazar al otro es incompatible con discutir.
- Principio del castigo: Cuando una conducta tiene como respuesta un refuerzo aversivo, hablamos de castigo.
(si uno de ellos se retrasa del trabajo y como consecuencia el otro muestra enfado o no le habla, decimos que se da un refuerzo negativo o castigo) - Principio de Feedback: Facilitar información sobre como el otro ejecuta determinadas conductas supone un medio básico para cambiar, fortalecer o extinguir comportamientos. (Si pedimos al otro por ej. que cambie su forma de comportarse en el terreno sexual, darle información sobre si cumple con lo que deseamos o no, es una forma de ayudar al cambio)
- Principio de generalización: Cuando un comportamiento nuevo da resultado, se autorefuerza y tiende a generalizarse. (Si mostrarnos más comunicativos con el otro hace que los dos estemos más contentos y cariñosos, eso por sí mismo supone un refuerzo del esfuerzo de cambio que estamos haciendo)
- Principio de persistencia: por lo mismo de antes un comportamiento que funciona tiende a mantenerse a lo largo del tiempo.
Con el conocimiento de estos principios básicos los miembros de la pareja empiezan a tener la sensación de que pueden utilizarlos como herramientas para cambiar aquello que no les gusta, y efectivamente es así. Aunque para ello deben tener muy en cuenta:
- La conducta de uno es interdependiente de la del otro. Por esta razón, uno es responsable del comportamiento del otro. De ésta forma cambiamos el “mi pareja no cambia”, por “que puedo hacer yo para que mi pareja cambie”.
- De lo anterior se deduce que ambos componentes de la pareja son terapeutas o enseñantes del otro. El Psicólogo por tanto, no está para resolverles los problemas sino para enseñarles una serie de habilidades y conocimientos que les permitan solucionar los conflictos por sí mismos.
- Aunque estas habilidades se ponen en marcha en la consulta, es en el marco de la vida diaria y fuera del marco de intervención del psicólogo, donde deben ponerse en práctica y de forma continuada para que lleguen a convertirse en comportamientos habituales de la vida de la pareja.
- Dado que ambos solicitan cambios y a su vez deben realizarlos, deben observar de forma activa el comportamiento propio y el del otro y delimitar claramente sus propios objetivos de cambio y de negociación.
Evidentemente cuando estos requisitos iniciales se plantean a la pareja, la primera reacción es la de encontrarse superados ante lo que ven como una tarea ingente. Pero la realidad es que tal calificativo no es adecuado para lo que deben realizar siempre que exista la motivación adecuada. La fase de experimentación (donde se pone en práctica cada herramienta trabajando sobre aspectos muy concretos de la relación) se encuentra muy planificada y permite abordar las distintas tareas de forma estructurada y por tanto accesible. Pero esto lo veremos en el siguiente artículo.
Autor: Montserrat Sanz García
Bibliografia: Terapia de Parejas. Miguel Costa y Carmen Serrat
Evaluamos el problema
Cuando la pareja acude a consulta por primera vez, en MSG psicólogos, evaluamos el problema en base a las versiones que ambos, cada uno por su lado, ofrecen sobre la relación y lo que consideran que va mal. Pero lo cierto es que en la mayoría de las ocasiones estas valoraciones que cada uno realiza son inexactas, mediatizadas por emociones y percepciones algunas veces poco ajustadas a la realidad; y que debemos tener en cuenta, por tanto, en su justa medida.
Una vez se les explica los requisitos necesarios para emprender la terapia, se consigue su implicación y que comprendan de qué forma son causa y efecto del problema, iniciamos una fase de evaluación más “operativa”. Es decir, se intenta identificar el problema de una forma más objetiva, basándonos en datos concretos y por lo tanto sobre los que podamos trabajar de forma efectiva.
La forma de recabar la información necesaria se lleva a cabo (como en cualquier otro proceso de psicodiagnóstico, por otra parte) a través de entrevistas
con ambos miembros de la pareja por separado y conjuntamente. De ésta forma no solo obtenemos información a través de lo que nos dicen sino con la observación sobre la forma en que interactúan en general y en temas concretos en particular (por ej. recordamos el caso de una pareja donde surgía una gran agresividad al hablar de la hermana de él). La observación es uno de los métodos de evaluación más importantes en ésta terapia, pero también lo son los cuestionarios que deben cumplimentar cada uno por su lado y que, aparte de ofrecer información importante al evaluador, les ayudan a ellos a ver de forma más concreta las fuentes del problema en la relación. Con éste objetivo se utilizan:
- Cuestionario de Áreas de compatibilidad-incompatibilidad: que permite detectar las áreas problema que pudieran existir (en temas como finanzas, educación de los hijos, vida sexual, trabajo, etc.…) y discrimina la habilidad o falta de ella que presenta la pareja para resolver estos problemas. Se emplea también para evaluar los resultados de la terapia al final del proceso.
- Cuestionario de intercambio de conductas en la pareja: tratamos con él de definir qué intercambios de conducta agradable o desagradable se dan o no en la actual relación de la pareja, para fomentar su aumento o reducción (según el caso) según los deseos de ambos.
- Cuestionario de actividades de ocio en la pareja: conocer si se dan actividades de ocio gratificantes en la pareja y de qué tipo son es muy importante. Tanto por lo que tienen de determinantes de la satisfacción global, como porque pueden utilizarse a lo largo del proceso como refuerzo y/o premio de otros comportamientos que queramos fomentar. (por ej. si pedimos a nuestra pareja que nos ayude con los niños y a él le gusta salir a cenar alguna vez, podemos aprovechar y cuando lo haga reforzárselo con esa actividad que le gusta)
- Escalas de Diferencial Semántico: nos permiten “ver” de forma objetiva y sobre el papel, la valoración que cada uno hace de distintos aspectos de la relación y del otro. También se utiliza para evaluar el tratamiento.
En general, tanto con los cuestionarios como con la observación, los aspectos en los que se hace mayor hincapié en su análisis son los siguientes:
La expresión de sentimientos: Porque la expresión de estados de ánimo puede ser motivo de conflicto o no según se haga o no de forma adecuada.
Expresiones como me hartas…”, “no te aguanto…”…encierran un tono de acusación y/o agresión que interfieren en el diálogo con la pareja. En cambio cuando decimos “cuando te comportas así me siento irritada…” o “cuando me hablas en ese tono me siento mal…”, estamos reconociendo nuestra propia responsabilidad en nuestro estado de ánimo y eliminan el tono de acusación al otro. En otros casos, el “fallo” aparece a la hora de expresar emociones positivas. Decir “estás muy guapa” mientras miramos la TV puede considerarse ficticio, mientras que si decimos lo mismo abrazando a nuestra pareja el impacto emocional será mayor.
Las descripciones de los problemas: Porque el como la pareja describe sus problemas determina de forma importante que sean capaces de llegar o no a una solución. Las parejas en conflicto suelen expresar las quejas en términos vagos y generales: “cada día estamos peor”, “podías esforzarte mas”, ”no nos entendemos”…lo cual hace que la comunicación se base más en la interpretación y/o adivinación de lo que el otro desea, que en la definición de forma precisa y concreta. Cuando decimos “todas las noches discutimos por causa de las llamadas de telf. de tu madre” estamos concretando cual es la fuente del conflicto y es más sencillo encontrar un comportamiento alternativo.
El análisis y solución del problema: Las parejas en conflicto suelen explicar el problema de forma que no da información acerca de cómo se puede cambiar la situación. Decir “eres tan desordenada como todos los de tu familia”, acusa, agrede y no le da pistas sobre cómo hacerlo de otra manera. Decir “no me gusta encontrarme tu ropa por el suelo. ¿Puedes recogerla mientras yo guardo la mía y recojo la habitación?”, le ofrece al otro el comportamiento alternativo que deseamos. Es decir, se trata de ser operativo y concreto y dejar las abstracciones y vaguedades para los “adivinos”.
Las Habilidades de Comunicación: Uno de los aspectos más importantes dentro de la relación de pareja, porque como ya hemos visto en distintos artículos es una de las fuentes de conflicto más importantes en cualquier relación interpersonal. Analizar las habilidades comunicativas y el lenguaje verbal y no verbal de cada uno de los componentes, para identificar donde están los déficits, es fundamental. 
Que haya o no contacto visual, el uso de las manos para resaltar contenidos del mensaje, una expresión facial adecuada, la postura del cuerpo, el volumen y el tono de voz, la cercanía, el contacto físico con el otro mientras se habla, etc.…son solo algunos de los aspectos a analizar y tener en cuenta, como facilitadores de un conflicto y también como herramientas a utilizar para modificar comportamientos (por ej. si el escuchar al otro y responderle de forma positiva, es consecuencia de que comparta experiencias de lo que hace en el día, actuara como un refuerzo positivo).
Una vez que hemos realizado el análisis y la evaluación del/los problema/s, estableceremos una estratégia de trabajo a lo largo del proceso terapéutico para “enseñar” alternativas de comportamiento en aquellos casos en que sea necesario y mostrar a ambos miembros de la pareja cómo pueden utilizar sus repertorios propios de conducta de una forma más adecuada para que la relación sea fluida y gratificante.
Las fases del proceso terapéutico
Cuando los conflictos en la pareja no se resuelven de forma adecuada, la relación se va “minando” poco a poco, afectándose todo el ámbito emocional de la relación;
y si no se pone coto a éste deterioro progresivo, la recuperación tras éste resquebrajamiento emocional se hace cada vez más complicada y con menores posibilidades de éxito.Hablemos hoy de las fases del proceso terapéutico en la terapia de pareja en MSG psicólogos.
No obstante, si existe determinación por parte de ambos miembros de la pareja de intentar salvar la relación, las probabilidades de reaprender una forma adecuada de interactuar y de gestionar los desacuerdos, aumentan y con ellos las posibilidades de que se recuperen las emociones positivas que se generan al estar juntos.
Cuando una pareja acude a la consulta del Psicólogo buscando apoyo y ayuda para resolver aquello que les separa, raras veces lo hacen de mutuo acuerdo. Esa es nuestra experiencia personal. Generalmente es uno de los miembros (normalmente el femenino) el que siendo consciente del deterioro de la relación, presiona de alguna manera para pedir ayuda en un último intento de continuar adelante. En estos casos, la actitud del otro suele ser, en el mejor de los casos, de escepticismo. “No entiendo por que tenemos que venir aquí a contar nuestras cosas, si no pasa nada”…”es ella la que tiene problemas y me los quiere cargar a mi”…ó “yo estoy bien”… son algunas de las frases que se escuchan en la consulta.
En esos momentos, es tarea del Psicólogo analizar la situación que presentan ambos y sobre todo hacerles ver que existe un problema desde el momento mismo en que uno de los dos (y seguramente ambos) lo percibe así. Explicarles en qué va a consistir el trabajo terapéutico y dotar de realismo a las expectativas que pueden presentar, es otro de los aspectos fundamentales, porque muchas parejas acuden al Psicólogo pensando que eso por si solo es suficiente para que sus problemas se resuelvan. Es importante, por ello, hacerles ver que quienes tienen que “poner la carne en el asador” son ellos, a través del esfuerzo continuo por cambiar las cosas que hacen y que les van mal y por reconquistar al otro, recuperando la ilusión y la emoción de los momentos gratificantes.
En las primeras sesiones se les cita por separado, de modo que ambos tengan la oportunidad de ofrecer su “versión” del otro y de la relación.
En una tercera sesión se realiza lo que llamamos una sesión “de limpieza” en la que ambos, con el control por parte del psicólogo de la situación, exponen ante el otro sus quejas , su dolor por hechos pasados, sus decepciones, etc.…Se deja muy claro, que una vez hecho esto, hay que dejarlo atrás para empezar a caminar de nuevo sin rencores, y a partir de aquí se continúa con la terapia explicándoles los principios teóricos sobre los que se asienta, de modo que comprendan por qué se realiza cada tarea y/o entrenamiento y cuan importante es que lo realicen con perseverancia hasta que se convierta en un repertorio de conducta integrado en su forma de comportarse en la relación de pareja.
La importancia de ésta explicación teórica que se realiza tanto al principio del proceso como a todo lo largo del mismo, radica en que se produzca una mayor involucración de las partes en él y sobre todo en que se consiga (que es el objetivo último de la terapia) no solo dotarles de herramientas que sirvan para resolver los conflictos actuales, sino todos los que puedan presentarse en un futuro y a los cuales podrán hacer frente de forma autónoma y sin la ayuda del terapeuta. Porque en ésta como en cualquier terapia el Psicólogo busca que las personas sean capaces de resolver y tomar las riendas de su vida por sí mismos. Nuestra función es ayudar en éste proceso, ofreciendo las herramientas necesarias para conseguirlo.
Cuando ésta fase digamos teórica se ha realizado, es hora de pasar a una fase de experimentación. De forma más o menos planificada se van a ir poniendo en práctica todos aquellos aspectos que tienen un importante papel en la solución de los conflictos y en el incremento de las gratificaciones entre la pareja.
Durante ésta fase, motivar, reforzar el esfuerzo de cada uno de ellos y guiar en la forma de realizar las tareas es papel fundamental del terapeuta, sobre todo en los primeros momentos, ya que a medida que la terapia avanza y se van percibiendo cambios positivos en la interacción, estos se refuerzan por sí mismos.
En una tercera y última fase, se llevaría a cabo una evaluación de los resultados y un seguimiento de la evolución, en base a nuestras propias valoraciones y a las de los implicados en la terapia.
En general, la terapia de pareja es una de las mas gratificantes para el terapeuta porque cuando ambos miembros trabajan conjuntamente y motivados, los resultados suelen ser espectaculares y bastante rápidos.
Aquí hemos trazado a “grosso modo” como se desarrolla el trabajo terapéutico a la hora de mejorar la relación de pareja, pero iremos desgranándolo con más detalle.
Autor: Montserrat Sanz García
Reestructuración cognitiva
Dado que la interpretación que hacemos de lo que nos rodea (y por tanto de lo que el otro hace y/o dice y de sus consecuencias) es la que determina nuestras propias emociones, pensamientos y formas de actuar, es lógico pensar que cuando hacemos una interpretación errónea
del comportamiento de nuestra pareja, la consiguiente reacción va a estar desajustada y por tanto va a dar lugar a conflictos. Veamos este tema perteneciente a la terapia de pareja en MSG psicólogos.
Es por eso que poner atención en entrenar a cada uno de los miembros de la pareja para realizar la reestructuración cognitiva adecuada, es un paso fundamental en una terapia de pareja.
En multitud de ocasiones uno de los miembros o ambos, interpretan una situación de manera negativa dotándola de una magnificencia que probablemente no tiene. El Psicólogo debe ayudarles a “ver la realidad” de la forma más objetiva posible, desnudándola de interpretaciones erróneas que generen conflictos.
La técnica de la Reestructuración Cognitiva está basada en el principio fundamental de que la vida cognitiva de los sujetos (lo que piensan) determina sus emociones y su forma de actuar, y tiene como objetivo identificar, analizar y modificar las interpretaciones o los pensamientos erróneos que las personas tienen sobre los demás o sobre determinadas situaciones.
Ya vimos cuando tratamos el tema del control de pensamientos negativos cuales son los pasos adecuados a seguir para deshacernos de ellos y para conseguir que las interpretaciones sean lo más ajustadas posibles a la realidad. No obstante plantearemos de forma esquemática el procedimiento adecuado aunque ello lo haga parecer erróneamente algo rígido. Y decimos erróneamente, porque luego en la práctica todo resulta menos constreñido y fluye con más naturalidad de lo que pueda parecer viéndolo en esquema.
1. Identificar los pensamientos inadecuados
Continuamente incluso sin ser conscientes de ello, mantenemos un diálogo interno que muchas veces llega a hacerse automático. Cuando éste diálogo interno se basa en pensamientos que inciden de forma negativa sobre la manera de sentir o de actuar, es necesario identificarlos para poderlos modificar.
Es importante identificar los pensamientos inadecuados rápidamente para evitar que nos invadan y para cortar círculos viciosos. En definitiva, evitar el efecto bola de nieve.
Para identificar los esquemas cognitivos puede resultar útil conocer los tipos de pensamientos más habituales. En general los pensamientos se pueden clasificar en:
- Pensamientos adaptativos: Son objetivos, realistas, facilitan la consecución de los propósitos y originan emociones adecuadas a la situación.
- Pensamientos neutros: No interfieren ni inciden en las emociones ni en el comportamiento ante una situación.
- Pensamientos no adaptativos: Distorsionan la realidad o la reflejan parcialmente, dificultan la consecución de los objetivos y tienden a originar emociones no adecuadas a la situación.
En general los pensamientos no adaptativos nos llevan a:
- Extraer conclusiones generales a partir de un pequeño detalle, un hecho aislado o un único incidente.
- Interpretar cualquier hecho o situación de manera extremista o sin término medio.
- Juzgar cualquier situación a partir de valores dogmáticos (prejuicios).
- Culpabilizarse a uno mismo de los errores ajenos o culpar a los otros o a las circunstancias de los errores propios.
- Intentar probar continuamente que nuestro punto de vista es el único correcto.
- Exagerar las consecuencias de algún acontecimiento desafortunado.
- Minimizar o infravalorar las propias capacidades, etc.
No obstante, la identificación de los propios pensamientos no siempre es tan fácil como parece y, para algunas personas, conocer los tipos de pensamientos habituales no es suficiente. Uno mismo no puede ser consciente de muchos pensamientos a no ser que se autoobserve y se entrene para conseguirlo. Como ésta autoobservación no se puede realizar de forma constante en la vida cotidiana podemos tener indicadores que sirvan como señales para advertirnos. Por ej. puede tenerse la consigna de que antes, durante y después de una situación que sea difícil para cada uno, o bien cuando se experimenta un estado emocional negativo, haya que preguntarse qué se está pensando en ese momento.
2. Evaluar y analizar los pensamientos
Una vez que identificamos los pensamientos, debemos analizarlos. La estrategia más útil y utilizada, es la de preguntar. Preguntarnos o que nos pregunten, no en modo de interrogatorio sino para obligarnos a profundizar en esos pensamientos. Al plantear las preguntas, el hecho de tener que responderlas mentalmente obliga a reflexionar. El tipo de preguntas tienen que ser de las que vayan encaminadas a:
Objetivizar: Analizar hasta que punto los pensamientos se ajustan a la realidad del hecho en cuestión. Por ej.
- ¿Tengo evidencias suficientes?
- ¿Qué datos confirman lo que estoy pensando?
- ¿Me hace falta información?
- ¿Me infravaloro?
- ¿Mi interpretación es parcial?
- ¿Exagero?
- ¿Me responsabilizo en exceso?
Analizar las consecuencias de los pensamientos ( preguntándonos sobre los propios pensamientos) Por ej.
- ¿Me sirve de algo darle vueltas de manera improductiva?
- ¿Me ayuda el darle vueltas y más vueltas?
- ¿Cómo incide mi forma de pensar en mis relaciones sociales/familiares?¿En mi trabajo? ¿En mi estado de ánimo?
Relativizar: Analizar qué pasaría si lo que se piensa fuese cierto ( siempre con preguntas). Por ej.
- Me gustaría que las cosas fuesen de otra manera pero… ¿Sería trascendente para mi?
- ¿Sería un contratiempo o seria una cosa realmente grave?
- ¿Sería una circunstancia desagradable o insuperable?
- ¿Me afectaría durante un periodo de tiempo (un mes, dos meses, un año) o durante toda mi vida?
- ¿Me podrían pasar cosas más graves? ¿Cuáles?
De esta forma nos damos cuenta de que hay pensamientos que no son realistas, que dificultan la resolución de la situación y que, aunque fuesen reales, el nivel de gravedad no seria tan alto como puede parecer en un principio.
3. Buscar pensamientos alternativos
Consecuencia de lo anterior es la búsqueda de formas alternativas de interpretar la situación que reflejen de manera más adecuada la realidad. En éste punto hay que dejar claro que no se trata de engañarse o de enviarse mensajes falsamente positivos, sino de intentar ver las cosas de la forma más realista posible para afrontarlas adecuadamente.
Los pensamientos alternativos son las conclusiones de la reestructuración cognitiva. Cuando se llega a ellas se pueden y se deben utilizar como autoinstrucciones, de manera que sea lo que una persona se diga a sí misma en el momento en que le invaden los pensamientos no adaptativos y que ayudará a ver la realidad de una forma más objetiva. Para encontrar pensamientos alternativos también resulta útil la estrategia de preguntar. Por ej.:
- ¿Es esta la única manera posible de interpretar la realidad?
- ¿Hay otras maneras de hacerlo?¿Cuáles?
- ¿Qué le diría a un amigo que tuviera estos tipos de pensamientos?
- ¿Qué me diría un amigo o un familiar? ¿Por qué?
- ¿Podría hacer alguna cosa más productiva para afrontarlo que darle vueltas al mismo tema una y otra vez? ¿Qué?
- ¿Qué probabilidades hay que estas formas sean las más adecuadas?
- ¿Tienen más probabilidades de ayudarme a conseguir mis objetivos que la forma inicial de plantearme la situación?
- ¿Tienen más probabilidades de conseguir mejorar mi estado de ánimo?
- ¿Tienen más probabilidades de incidir positivamente en mi manera de actuar? Etc.
Como decíamos al principio puede parecer un tanto artificial y encorsetado seguir el anterior esquema, pero la realidad es que en el momento en que empezamos a entrenar la técnica, está acaba formando parte del repertorio de conductas de la pareja de una forma natural y fluida, fundamentalmente porque su aplicación permite interacciones más positivas y por tanto más gratificantes y… reforzantes en sí mismas.
La reestructuración cognitiva puede que en principio sea necesario ser dirigida por el terapeuta, fundamentalmente para sacar a la pareja o a uno de los miembros del círculo vicioso en que se encuentra sumido, pero posteriormente son ellos mismos los que son capaces de autoaplicarse la técnica de forma casi automática; algo que por otra parte casi todos hacemos en situaciones que requieren una respuesta rápida. Por ej. a casi todo el mundo le ha ocurrido encontrarse en situaciones que generan ansiedad y le ha ido muy bien darse cuenta (identificar) que estaba nervioso y decirse: “Tranquilo, no me lo tengo que tomar como un asunto personal, puedo afrontarlo”, etc. Una autoinstrucción tan sencilla puede ayudar a autocontrolarse (cortar círculos viciosos negativos que incrementen la ansiedad y hagan perder el control de la conducta) y afrontar la situación de manera más idónea.
Pero veamos un ejemplo de reestructuración cognitiva:
Van a una cena con los compañeros de trabajo de ella. A él no le apetece mucho porque no se encuentra cómodo en esa situación. Mientras van en el coche
él va identificando una serie de pensamientos desadaptativos: «Cuando lleguemos se pondrá a hablar con sus compañeros y me dejará al margen», «yo no sabré de qué hablar con ellos y seguro que hago el ridículo, ademas creo que no les caigo bien»
Objetividad: «Mi pareja es muy sensible a esas cosas y seguro que intenta integrarme con los demás»,»yo no les conozco más que de vista, probablemente hablar con ellos nos ayude a conocernos mejor»,»en cualquier caso ni yo caeré bien a todo el mundo ni todos me caerán bien a mi, pero eso no me impedirá disfrutar de la cena»
Si ocurriera lo que temo: «Si me siento mal y se lo digo a ella, seguro que podemos irnos antes», «hay mucha gente, probablemente siempre tendré a alguien con quien hablar»,»en cualquier caso lo importante es acompañarla como desea, ella también me acompaña a cosas que no le gustan».
Pensamientos alternativos: «Si voy de mal humor terminaré discutiendo con ella y pasándolo mal y no merece la pena»,»primero comprobaré como va la cosa antes de predisponerme negativamente»,»si me muestro sociable como cuando voy con mis amigos las cosas serán más agradables».
Cambiar nuestros pensamientos con respecto a una situación nos ayuda a tener una actitud distinta y más efectiva, que es de lo que se trata.
Autor: Montserrat Sanz García
Bibliografia: Mckay,M., Davis M., Fanning, P.
Trabajando las habilidades de comunicación
Hoy en terapia de pareja de MSG psicólogos, nos centraremos en las habilidades de comunicación. En el siguiente gráfico podemos ver los aspectos que solemos trabajar cuando intervenimos en las parejas con problemas de relación. Evidentemente, dependiendo de los aspectos conflictivos detectados en la relación se hará más hincapié en unos o en otros, aunque lo cierto es que aparecen desajustes en casi todos ellos bien porque sean la causa primaria de los conflictos o porque como consecuencia del deterioro de la relación se hayan visto desajustados aspectos que en un principio funcionaban bien (por ej. puede que el ocio y tiempo libre fuera una fuente de satisfacción cuando las cosas van bien, pero pasar tiempo juntos cuando las discusiones son continuas, provocarán un rechazo de la compañía mutua en el tiempo de ocio).
Dado que el campo de intervención es amplio, para ver cada uno de los aspectos que se trabajan y la forma en que se hace, dedicaremos un artículo a cada uno de ellos para darlos el espacio que se merecen. Empezaremos con las HABILIDADES DE COMUNICACIÓN.
Ya dijimos que uno de los problemas mas frecuentes que exhiben las parejas con conflictos son los de comunicación. La comunicación en la pareja puede resultar inadecuada en cualquiera de los tres elementos implicados: emisor, mensaje o receptor. Por tanto el objetivo fundamental del entrenamiento en habilidades de comunicación será, por un lado, asegurar que ambos aprendan un nuevo vocabulario interpersonal que sea adecuado para servir de vehículo del mensaje a transmitir, y por otro lado, que incorporen a sus repertorios comportamentales ciertas habilidades (saber escuchar, expresar sentimientos…) que les capaciten para emitir y recibir los mensajes adecuadamente.
Aprender un nuevo vocabulario interpersonal es uno de los objetivos. El lenguaje debe ser operativo, es decir, debe conseguir establecer un código descifrable e intercambiable para ambos y debe ser eficaz para conseguir una comunicación satisfactoria para ambos. Para conseguirlo…, para que sea operativo, debe:
- Estar basado en descripciones observables y cuantificables, para que ambos sepan qué ocurre y qué es lo que se debe cambiar. (Decir “nunca te preocupas por mí” es abstracto y no dice nada concreto. Sin embargo: ”cuando vine de la consulta médica no me preguntaste que me habían dicho y me hubiera gustado que te hubieras acordado” especifica el comportamiento que desearíamos que cambiara y ofrece alternativa de cambio.)
- Debe ser congruente, o sea, conveniente y oportuno según la situación y el contexto en que tiene lugar. (Ej.:Pedir a la pareja un favor cuando se está en plena discusión no hará que consigamos nuestro objetivo)
- Debe hacer énfasis en la información positiva (Si digo al otro “no hables tan alto” en lugar de “no chilles” es probable que colabore mejor y además evitamos prestar atención y con ello reforzar, conductas negativas o defensivas al enviar acusaciones en el mensaje).
- Debe estar basado tanto en la comunicación verbal como no verbal.
(Siguiendo el ej. anterior: si queremos pedir un favor a nuestra pareja no parece muy adecuado hacerlo cuando le estamos agarrando con fuerza o con el ceño fruncido)
A lo largo de la terapia el terapeuta debe intentar que todos estos requisitos estén presentes en la comunicación de la pareja y utilizando modelado, role-playing, ensayo conductual, instrucciones, tareas, etc… trabajar todos los aspectos de una comunicación adecuada hasta que se incorporen al lenguaje de la pareja.
Aprender habilidades conversacionales: La habilidad de conversar o más bien su carencia puede ser motivo de intercambios aversivos y originar conflictos. Hay parejas en que uno de los miembros rehúye el contacto con el otro porque éste habla excesivamente de sí mismo sin dejarle hablar y exponer sus opiniones. En otros casos uno de ellos apenas habla y/o elige leer el periódico o ver tv.
Para mantener una conversación hay que:
- Hacer preguntas
- Dar información adicional
- Escuchar
- «Llevar” una conversación: – cambiar de tema – tomar la palabra – pasar la palabra
- Cerrar la conversación.
Igual que en el anterior objetivo conductual, mediante ensayos, modelado y refuerzos discriminativos se enseña cómo utilizar todos estos elementos de forma adecuada, incidiendo en los componentes verbales y no verbales que facilitan y hacen fluida una conversación. Pero aunque todo esto es importante , una de las habilidades más importantes en el proceso conversacional es “escuchar”.
Un buen conversador es un buen “oidor”. Y esto implica no solo recibir la información de modo pasivo sino que implica dar señales al emisor de que se está recibiendo (sea de forma verbal: preguntar, exclamaciones, etc…; o no verbal: asintiendo, teniendo una postura corporal adecuada, contacto visual, etc…); y ello es también entrenado si es necesario en la consulta.
Aprender habilidades de expresión : porque expresar de forma honesta y directa tanto los sentimientos, elogios y peticiones positivas, como los negativos, ayudan a conseguir cambios constructivos en la relación y en la conducta del otro.
- Expresar los sentimientos positivos. Incluyendo
-expresar emociones que sean del agrado del otro, -reconocer aspectos positivos y gratificantes de la conducta del otro, -expresar y pedir intercambio físico agradable. - Expresar los sentimientos negativos. Aquí debemos hacer hincapié en hacerlo de forma adecuada. Decimos que se puede decir “casi todo” si se hace bien.
1.Especificar la conducta del otro que motiva los sentimientos negativos 2.Expresar como propios los sentimientos negativos 3. Pedir al otro un cambio que contribuya a mejorar la situación y los sentimientos: – Para cambiar palabras o acciones en el presente o futuro. – Para ayudar en la solución de un problema. – Para encontrar un consenso, compromiso o aclaración. ( Por ej.retomando un ejemplo anterior: 1.» Cuando tengo consulta médica nunca recuerdas preguntarme qué me han dicho». 2.»eso hace que me sienta mal porque me da la sensación de que no te importo bastante» y 3.»me gustaría que lo tuvieras en cuenta la próxima vez si realmente deseas que me sienta bien» 4. Por último, es muy importante reforzar al otro por haber escuchado nuestra petición y comprometerse a realizarla o plantear un compromiso alternativo. ( Siguiendo el ej. anterior: el otro puede decirnos «siento no acordarme pero tengo muchas cosas en la cabeza… ¿Que te parece si a partir de ahora me anotas tus consultas en mi móvil para recordarlas y preguntarte?)
Siguiendo estos pasos que no son sino de comportamiento asertivo, podemos expresar nuestros sentimientos negativos sin «agredir» al otro y que nuestras peticiones de cambio sean mucho más eficaces, ya que no generamos reacciones defensivas en el otro al no sentirse agredido.
Estos serían los aspectos sobre los que suele trabajarse en las parejas en conflicto en lo que se refiere a las Habilidades Comunicativas. Pero como hemos dicho son muchos otros los que son objeto de intervención y los iremos viendo poco a poco.
Autor: Montserrat Sanz García
Resolución de problemas y negociación
Poseer Habilidades para resolver problemas y habilidades de negociación es otro de los aspectos de la relación que se analizan y se trabajan con la pareja si es necesario.
Es evidente que para resolver los problemas, primero tenemos que ser capaces de identificarlos y saber escuchar y expresar, en definitiva, tener habilidades de comunicación. Ello no significa que en la terapia se trabajen encasilladamente cada uno de los aspectos por estricto orden, más bien se aprovechan las situaciones conflictivas que plantean las parejas para ir entrenando aquellos aspectos disfuncionales basándonos en la concreción del momento, lo que da mayor valor ejemplarizante al entrenamiento y el aprendizaje de las nuevas conductas es mejor asimilado puesto que tiene una aplicación práctica.
No obstante en lo que respecta a la resolución de problemas el entrenamiento sí que se realiza de una forma más estructurada, puesto que se establece con la pareja el momento , la duración y el lugar en que se llevaran a cabo la discusión y negociación de algunos de los problemas que tengan pendientes de resolver y que suelen ser motivo de conflictos.
En un primer momento se ensaya en la consulta, con el terapeuta, sobre algún problema escogido por la pareja, de forma que la discusión se produzca en un medio controlado. Posteriormente se les pide que elijan dos o tres temas problemáticos para practicar en casa. Evidentemente los asuntos que escojan para estos ensayos sin supervisión serán de conflictividad baja, de modo que puedan controlarlos y se refuercen con su resolución.
Para facilitarles la tarea se les indican unas pautas que deben tener en cuenta para el éxito de la misma. En primer lugar tener claro que existen dos fases en el proceso de discusión de un problema: una fase de definición y una fase de solución del problema. En ambas hay que seguir unas pautas básicas que ya se han explicado al hablar de las habilidades de comunicación.
Fase de definición del problema
1. Comenzar siempre con algo positivo. Al iniciar la discusión de éste modo se facilita la cooperación y la receptividad del otro. A nadie le resulta fácil encajar críticas y menos si se reciben con tonos acusatorios y negativos. Cuando esto ocurre, la reacción natural es ponerse a la defensiva y contraatacar. Es normal, pero impide que se de el diálogo y mucho menos la resolución de un problema. Asi que si la critica va precedida de algún aspecto positivo el otro la aceptará mejor y estará más receptivo a nuestro mensaje y a solucionar la situación.
2. Hay que ser específico. ¿Que entendemos por específico?. Pues sería aquel que tras ser descrito, pudiera ser determinado por un observador. Es decir las vaguedades, las abstracciones y ambigüedades no ayudan a especificar un problema; y mucho menos la utilización de términos ofensivos o categóricos. El “nunca” y el ”siempre” fomentan estados de animo negativos ya que por sí mismos son indicativos de la imposibilidad del cambio, y además no son ciertos. El otro no “siempre es egoísta” o “nunca se preocupa por mi”, siempre existen momentos en que esto no es así, por lo tanto categorizar los comportamientos de este modo es inadecuado.
3. Expresar los sentimientos. Cuando se comunican los sentimientos que nos genera una determinada situación es más fácil para el otro entender el problema, su magnitud y empatizar.
4. Admitir tu papel en el problema, o lo que viene siendo lo mismo, aceptar la parte de responsabilidad que uno tiene en el conflicto existente. Independientemente del pasado, ahora sabemos y conocemos como el comportamiento de cada uno determina y controla el del otro, por lo tanto ante un problema la responsabilidad es compartida.
5. Ser breve cuando se defina el problema. Este aspecto es importante porque la mayoría de las parejas tienden a confundir hablar sobre un problema con resolverlo y además es bastante frecuente que se dediquen a hacer referencias al pasado, a sus sentimientos en aquellos momentos y como han arrastrado desde entonces ese lastre. Todo ello, en suma, irrelevante para resolver el problema actual y que les distrae del objetivo principal que es solucionar el conflicto presente.
6. Al hilo de esto es fundamental Discutir un problema a la vez. Porque como decíamos antes, las parejas en conflicto tienden a arrastrar conflictos diversos que van incorporando y mezclando cuando se inicia una discusión. De esta forma cuando se intenta encontrar solución a un problema se incluyen otros que lo único que hacen es complicar más el proceso e incluir estados de ánimo negativos que van vinculados a esos otros problemas. Como les decimos en consulta “vayamos cruzando los puentes de uno en uno”, de esta forma les resulta más asequible y con más probabilidades de éxito.
7. Utilizar Paráfrasis. Es una forma de indicar al otro que le estamos escuchando y prestando atención. Permite que estemos más centrados en el asunto de discusión y favorece la aparición de estados de animo más favorables a llegar a una solución. Si percibimos que nos escuchan no sentimos gratificados y “comprendidos”.
8. No hacer inferencias, es decir, hablar únicamente sobre lo que puede observarse. Porque hacer inferencias sobre la conducta de nuestra pareja puede ser miuy peligroso para resolver un problema. Por ej. :
- El: ¡Estoy harto de que me controles!
- Ella: ¡Pero si yo no te controlo, solo he preguntado con quien hablabas por el móvil por si era tu madre que tengo que darle un recado…!
- El: ¡No me vengas con historias que nos conocemos y se de sobra que lo que quieres es controlar todo lo que hago!
- Ella: ¡Déjame en paz!…tu eres muy listo y sabes lo que pienso así que para qué hablar contigo.
Hablar únicamente de lo que se puede observar es regla básica para poder resolver los problemas.
9. Ser neutral y no negativo. Hay que dejar claro que el objetivo no es discutir ni humillarse mutuamente sino despejar el terreno y resolver los problemas.
Cuando la pareja ha aprendido a comunicarse con cierta eficacia, entramos en la
Fase de solución del problema
- Hay que Centrarse en las soluciones. En principio se les anima a que propongan soluciones de forma impulsiva aunque sean de lo más absurdas. De esta manera aprenden a discriminar entre las soluciones “alocadas” y las adecuadas. Es muy importante que no vuelvan a la fase anterior, algo que debe ser controlado por el psicólogo.
- El cambio de conducta debe incluir reciprocidad y compromiso, es decir, hay que ofrecer ayuda en el proceso de cambio del otro y ofrecerse a cambiar algo de la propia conducta. De esta manera aumenta el poder reforzante y facilita los cambios deseables en el otro miembro de la pareja.

- Alcanzar un acuerdo. Planteadas varias soluciones se pasa a discutir las ventajas e inconvenientes de cada una de ellas en cuanto a las consecuencias de cada uno sobre la relación y para ambos componentes de la pareja.
Los acuerdos de cambio acordados deben ser muy específicos, de forma que se describa claramente como debe ser el cambio deseado, cuando se espera que se den dichos cambios y su frecuencia .
Una vez que la pareja ha entrenado y aprendido la forma adecuada de resolver un conflicto en la situación controlada de la consulta, se les insta a que experimenten lo aprendido por si mismos poniéndolo en práctica: primero con temas neutrales, siguiendo por temas positivos, continuando con peticiones de cambio y por fin, abordando temas sensibles y negativos. De esta forma van sintiéndose seguros en la forma de abordar los conflictos sin que aparezcan desde los primeros pasos las emociones negativas que tan disruptivas resultan y que son difíciles de manejar cuando se carece de cierta habilidad.
En muchos casos es útil utilizar un procedimiento de contrato para ayudarles a realizar y hacer efectivas las peticiones de cambio que cada uno de ellos hace al otro. Para que un contrato sea efectivo debe:
Debe ser abierto y libre de coacción. Es decir las responsabilidades y privilegios que se consignen deben ser únicamente las aceptadas tras la discusión.
Los términos del contrato deben ser escritos clara y explícitamente. No se debe dejar lugar a la interpretación. Por ej. decir “ser más limpio” no es específico…sí lo es “que se duche después de hacer deporte”.
El contrato debe ofrecer ventajas a cada uno de los miembros de la pareja. De lo contrario si se siente que se sale perdiendo no existirá razón para realizar el cambio.
Las conductas que se plasmen en el contrato deben encontrarse ya en el repertorio de conductas de la persona comprometida. Por ej. es absurdo exigir que el otro se encargue de las comidas si no sabe cocinar. Sí se le puede pedir que intente aprender un determinado plato.
Implicar a ambos miembros de la pareja en la resolución de un problema y hacerles responsables de la misma, vuelve a implicar la idea de que ambos son corresponsables de los comportamientos del otro.
Ejercicios para cambiar la percepción de la relación
Tras realizar una correcta evaluación de la situación en que se encuentra la pareja con problemas durante una terapia de pareja en MSG psicólogos, debemos planificar una estrategia de intervención sobre aquellos aspectos que están identificados como fuente de conflictos y sobre aquellos otros aspectos que ayudan a que estos aparezcan (por ej. falta de ocio propio).
En ésta fase de la terapia que podemos denominar “fase de experimentación”, se trata de realizar una serie de tareas, unas en común, otras cada uno por su lado, que ayuden a la pareja a comprobar por sí misma las hipótesis que se han planteado en la fase conceptual y con la fase de evaluación. Es decir, que les permitan adquirir la conciencia de reciprocidad y la importancia de los intercambios agradables como forma de mejorar la relación.
Ya hemos dicho que, en general, cuando una pareja tiene problemas, suelen tener una percepción negativa del otro y de la relación. La atención se centra más en los aspectos negativos y/o que no les gustan
, y aunque existan cosas positivas (que existen) se tiende a minimizarlas no dándolas importancia o dándolas por “sentadas”. Es por esto, que gran parte de los ejercicios que se realizan durante la terapia van encaminados a favorecer el que se centre la atención en las conductas positivas y agradables del otro y/o de la relación, de forma que se hagan conscientes de la existencia de las mismas y además, del poder que el comportamiento de uno puede tener sobre el otro.
Con éste objetivo, utilizamos los siguientes ejercicios o tareas:
“Pille a su pareja haciendo algo agradable”. Este ejercicio desarrollado por A.J.Turner, básicamente consiste en que cada uno de los miembros de la pareja lleve un registro diario de las conductas agradables que encuentre en el otro.
Además, cuando perciban ésta conducta agradable, deben dar señales de haberla reconocido, deberán reforzarla (de forma verbal, sonrisas, caricias, etc.…) y hacerle saber al otro que esa conducta le ha resultado agradable. Es recomendable que en un momento tranquilo del día, pongan en común sus percepciones.
De ésta manera se puede hacer notar al otro algo que se ha hecho y de lo que no se ha dado cuenta
( por ej. “ésta mañana dejé preparado el desayuno del niño para que ganaras tiempo y parece que no lo has notado…”), y este a su vez, puede sugerir comportamientos más “evidentes” y gratificantes para él (ej.“te lo agradezco pero me vendría mejor que te ofrecieras a llevarlo tú a la guardería para que pudiera llegar con más tiempo al trabajo”).
Otra de las tareas utilizadas es el ejercicio llamado “Dia del Amor”. En éste ejercicio se pide a uno de los miembros de la pareja que, independientemente del comportamiento del otro, aumente el nº de conductas positivas hacia él; es decir, deberá hacer, decir o facilitar situaciones que resulten del agrado de su pareja, sin que el otro sea advertido del día que ha sido elegido ni de lo que se va a hacer ( por ej. si sabe que a su pareja le gusta que se muestre romántico preparar esa noche una cena para los dos e intentar que puedan estar solos acostando pronto al niño puede resultar un agradable y sorpresivo plan)
.
El objetivo es que comprueben de forma experimental que la conducta de uno influye en la del otro: “cuando yo cambio mi forma de comportarme, cambia la forma en que se comporta mi pareja…luego yo puedo controlar la situación de alguna manera”.
Con el «Ejercicio de reciprocidad», se “ayuda” a las parejas a centrar su atención en las conductas positivas del otro, y a que se faciliten información mutua de las conductas agradables para cada uno de ellos. Básicamente consiste en elaborar dos listados uno con 10 conductas placenteras que uno le está dando al otro, y otra con 10 conductas placenteras que está recibiendo del otro. Con esto no solo se demandan conductas sino que se refuerzan aquellas que se reciben desde el momento en que se reconocen explícitamente. (por ej. si se dice de la pareja “me ha sorprendido varios días con una flor”, se le está diciendo “me he dado cuenta y me gusta”, lo cual reforzará este tipo de comportamientos)
Todas éstas tareas, se realizan con la planificación y supervisión del psicólogo y aunque las hacen en casa, son comentadas, revisadas y trabajadas en la consulta. En realidad, cumplen su propósito (ya descrito), pero además sirven de excusa para trabajar en consulta aquellos objetivos conductuales que hayamos detectado en un principio y/o a lo largo del proceso terapéutico como inadecuados o deficientes.
Los problemas de comunicación y de resolución de problemas, la planificación del tiempo libre, la incapacidad de “controlar” conductas indeseadas del otro y una emotividad negativa sobre el otro y la relación, suelen ser los problemas que con más frecuencia se observan en las parejas que consultan. A lo largo de las sesiones que se tienen con la pareja todos estos aspectos son trabajados (si es necesario) de forma exhaustiva, por lo que iremos desgranándolos a lo largo de los siguientes artículos.
Autor: Montserrat Sanz García
Bibliografía: Terapia de parejas. M.Costa y C. Serrat
Controlar lo que nos rodea
Hoy hablaremos un poco de terapia de pareja desde MSG psicólogos. En nuestra estrategia de intervención ante los problemas de relación de pareja otro de los objetivos conductuales a tener en cuenta después y al mismo tiempo de trabajar las habilidades de comunicación y mejorar la capacidad de resolver conflictos y de negociar, es el manejo de los estímulos. Planificar el tiempo libre, controlar los sucesos y/o contingencias que puedan aparecer en la vida de una pareja, controlar ciertas conductas…son aspectos sobre los que actuar puesto que pueden ser fuente de conflictos. Sobre cómo hacerlo es el tema que trataremos en éste artículo.
1. Control de contingencias específicas
Es evidente que a lo largo de la vida en común de la pareja suceden o van a suceder contingencias varias (como el nacimiento de un hijo, enfermedades, desempleo, etc.…) que pueden constituir desencadenantes y/o agravantes de los conflictos en la pareja. Evidentemente muchos de ellos no son responsabilidad de los miembros de la pareja (como una enfermedad, por ej.) y por tanto no puede ser controlada su aparición ni modificada por nosotros. Pero sobre lo que sí podemos intervenir es sobre la manera en que la pareja responde a estos acontecimientos y los enfrenta como unidad.
Saber analizar y buscar soluciones a los problemas después de que se dé una buena comunicación por ambas partes es algo fundamental. Pero en ocasiones se queda corto cuando además es necesario poseer y/o conocer los recursos técnicos necesarios para implementar las soluciones a probar. Imaginémonos que el comportamiento de los hijos es una fuente de conflicto y problemas en la pareja.
Es posible que ambos hayan mejorado su capacidad de comunicación y sean capaces de analizar el problema y de indagar posibles soluciones pero si no tienen las herramientas para resolver, por ej., problemas con la alimentación, enuresis, rabietas, etc.…,
les va a resultar imposible enfrentar el problema. Para entendernos, es como si supiéramos que para llegar a la otra orilla hemos de nadar, pero no sabemos cómo.
Aquí nuestra labor estaría tanto en “enseñarles a nadar”, como en (si es necesario) “pasarles en barca”. Es decir , poner en marcha acciones que faciliten los recursos necesarios para neutralizar en la medida de lo posible las fuentes de estrés que interfieran en la vida de la pareja (por ej. ayudarles a solicitar becas, ayudas familiares, comedores infantiles…). En muchas de estas ocasiones, es necesario derivar a la pareja a otros profesionales (asistentes sociales, pediatras, etc.….) que puedan ayudarles con la contingencia específica de que se trate.
2. Planificación del Tiempo Libre
Este aspecto nos parece de gran importancia por cuanto que es en la mayor parte de las ocasiones el gran olvidado de la pareja. Y ello a pesar de que es fuente de grandes gratificaciones si se da de forma adecuada,… y lo contrario.
Evaluar el tiempo libre con que cuenta la pareja y cómo lo emplean es un primer paso para intervenir en este aspecto bien para corregir comportamientos facilitadores de conflictos, bien para facilitar que la pareja descubra interacciones positivas que habían abandonado (en un principio sí estaban) o que aún no habían descubierto.
Es bastante frecuente que el ocio se convierta en un punto conflictivo en la relación de pareja:
– Bien porque la mala relación convierte el compartir tiempo juntos en algo desagradable…
– Bien porque el determinar a qué dedicar el ocio, es en sí mismo fuente de conflictos.
Si lo que ocurre es lo primero, conviene que la pareja proponga actividades de ocio que les puedan resultar agradables a ambos (por ej. ir al cine puede ser agradable y no propicia enredarnos en discusiones)
. Esto ayudara a que se den cuenta de que aún pueden disfrutar juntos de determinadas actividades y a que cuando se actúa, se producen cambios, lo que les animará a mantener esta actitud en la resolución del resto de las áreas que constituyen su problema.
Cuando la cuestión es que la forma en que se entiende el ocio por parte de los dos miembros de la pareja es diferente, utilizar las habilidades de comunicación y sobre todo la negociación es fundamental.
Por ej. hay veces en que uno de los miembros de la pareja es muy independiente y por el contrario el otro solo desea estar y compartir tiempo con él. En éste caso plantear las necesidades de cada uno y ser capaces de llegar a un acuerdo sobre como repartir el tiempo para que ambas partes se sientan tenidas en cuenta, sería lo adecuado. Por ej. pueden alternar los días libres de que dispongan de modo que realicen actividades en familia, en pareja y reservar tiempo también para sí mismos y sus aficiones.
Imaginemos que a él le encanta ver un partido de futbol con sus amigos y ella querría ver una buena película en el cine. Pretender imponer los gustos de uno de ellos al otro será inequívocamente fuente de conflictos a corto o a medio plazo. Pero esto es evitable si se da una negociación: él puede disfrutar de su partido, mientras ella va al cine con unas amigas.
Algo que es de suma importancia es el tiempo/espacio personal de cada uno. Y aquí es necesario que se haga hincapié en la necesidad de respetar las necesidades del otro. Cada uno de nosotros tenemos la necesidad de nuestro propio espacio personal (físico y emocional). Mantener el contacto con nuestros propios amigos, nuestros compañeros de trabajo… es tan importante para la salud de la vida de pareja como el tiempo que pasamos con el otro. Las experiencias y vivencias que cada uno de los miembros de la pareja tiene en su tiempo/espacio propio, y que aporta a la relación, enriquece la vida en común y garantiza una mejor salud psicológica individual que también redundará en que la relación de pareja marche mejor.
Aquellas personas que agobian al otro pretendiendo controlar lo que hacen, con quien y cómo, creyendo con ello que se mantienen más cerca de el, lo único que consiguen es el efecto inverso ya que cuando nos sentimos acorralados tendemos a la huida y si ello no es posible, a la agresividad como forma de defensa.
Como vemos, por tanto, tener en cuenta a qué dedicamos nuestro tiempo libre no es algo baladí. Animar a la pareja a buscar alternativas de ocio gratificantes, ponerlas en práctica y negociarlas es una tarea importante en la terapia de pareja.
Hay veces en que lo que frena el que se comparta tiempo de ocio es la inhabilidad para generar situaciones y buscar actividades de tiempo libre. En estos casos puede ser útil entrenar a la pareja en el uso de recursos de internet, prensa escrita, etc.…que puedan ser fuente de “ideas” útiles.
3. Cambios estimulares específicos
Muchas veces los conflictos se encuentran asociados a espacios físicos concretos que por lo mismo se convierten en estímulos que sirven de recuerdo de los momentos desagradables y facilitan que aparezcan los estados emocionales negativos asociados a los mismos. Por ello, es conveniente introducir cambios estimulares que alivien estos efectos, sobre todo cuando la pareja intenta resolver un problema. Por ej. si la casa común es el escenario donde se producen grandes discusiones y la pareja debe resolver un problema concreto, es mejor que lo haga en otro sitio. De hecho suele además recomendarse un sitio público porque ello garantiza en cierta medida una mayor mesura en las manifestaciones y facilita el diálogo y la comunicación.
4. Controlar conductas específicas
Existen casos en que un problema de la pareja está determinado por el comportamiento inadecuado de uno de los dos (por ej. problemas de celos). En estos casos es necesario realizar una intervención individual del problema antes o paralelamente a la intervención con la pareja.
En los casos en que los comportamientos inadecuados puedan ser controlados por la propia pareja con las herramientas entrenadas al hablar del aprendizaje, es conveniente que se les anime a ello, recordándoles la utilidad de aspectos como la “retirada de atención”(ignorando de modo constante y repetido la conducta problema), el “Tiempo Fuera” (cuando la propia presencia refuerza la aparición de comportamientos no deseados) y la utilización de “respuestas incompatibles con la hostilidad y el mal humor” (besar a la pareja cuando llega a casa de mal humor, por ej. es incompatible con los gritos de éste o el mantenimiento del mal humor).
Aunque parecen ser muchas cosas las que hay que tener en cuenta en la intervención, una vez que ésta se pone en marcha “va rodando” todo con relativa fluidez porque unos aspectos arrastran a otros para bien y para mal.
Autor: Montserrat Sanz García
Bibliografia: “Terapia de Parejas”. M. Costa y C. Serrat
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Montserrat Sanz García, psicóloga sanitaria con una amplia experiencia trabajando en la mayoría de problemas que afectan a adultos, niños y adolescentes, tanto en terapia individual, como de pareja y familia, puede ayudarte en su consulta de Valladolid, Laguna de Duero u Online. Aquí se ofrecen artículos de ayuda psicológica para abordar gran variedad de problemas y preocupaciones. Ya sea que estés lidiando con ansiedad, depresión, estrés o conflictos en tus relaciones, puedes encontrar las herramientas y el apoyo necesarios para superar estos desafíos. Sigue leyendo para descubrir el apoyo que te puede ofrecer este artículo. La terapia psicológica puede marcar la diferencia en tu bienestar emocional y mental.
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