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La Tartamudez

La Tartamudez

Autor: Elisa Nerea Ramós Díez-Astraín (Psicóloga)

La tartamudez es un trastorno del que todos hemos oído hablar alguna vez, e incluso muchos conoceremos seguramente a alguna persona tartamuda. Pero esto no quiere decir que sepamos exactamente en qué consiste ni qué consecuencias tiene sobre la persona.

 Se trata de un trastorno de la fluidez del habla con síntomas muy variados: repeticiones de sílabas, alargamiento de sonidos, bloqueos, pausas inadecuadas e incluso gestos que nosotros interpretamos como tics pero que en realidad son intentos de la persona por frenar el tartamudeo. La causa de la tartamudez es desconocida, por lo que a la hora de ponerle solución no es posible actuar sobre ella. Por ello es necesario estar atento a los primeros síntomas (siendo conscientes de que el niño normal también comete errores en el habla), que se dan en la infancia temprana, ya que si dejamos pasar el tiempo lo más probable es que el trastorno se establezca y sea mucho más costoso tratarlo. En cambio, si intervenimos tras su reciente aparición, podremos eliminarlo por completo.

 Existen, no obstante, algunos factores que se ha comprobado que, aunque no sean causas, influyen en la probabilidad de desarrollar una tartamudez. Éstos son: ser varón, tener antecedentes familiares de tartamudez u otros problemas del habla o del lenguaje, coexistencia de retraso en la articulación o en el desarrollo del lenguaje, y una persistencia del problema durante los últimos 18 meses o más.

Pero la tartamudez no se queda sólo en el campo de la logopedia, sino que a nivel psicológico tiene consecuencias que afectan a la calidad de vida del sujeto. En primer lugar, la toma de conciencia del propio problema es el factor que va a hacer que la tartamudez se vuelva crónica. Cuando la persona se da cuenta de su situación, intenta remediarla mediante la tensión muscular de la boca, el cuello o la cabeza, lo que termina conviertiéndose en una conducta de gesticulación anormal asentada que requerirá un buen entrenamiento para poder ser eliminada.

Por otra parte, a nivel emocional y cognitivo la persona siente incapacidad, frustración, miedo, e incluso ánimo depresivo y baja autoestima, y en consecuencia  elaborará conductas variadas de escape y evitación. Temen hacer el ridículo al exponerse frente los demás, lo que les lleva a limitar sus relaciones sociales hasta el punto de evitar situaciones que para los no tartamudos son puramente rutinarias, como llamar por teléfono, salir a comprar, pedir en el bar, realizar gestiones, presentarse a otros o quedar con los amigos. Así mismo, evitan expresar sus opiniones y preferencias ya que para ello tienen que hablar, por lo que en muchos casos pierden oportunidades o la ocasión de hacer algo que les gusta y les interesa. Por esto, las terapias siempre incluyen en sus últimas fases la generalización de lo aprendido con el psicólogo a situaciones de la vida cotidiana y con familiares, amigos y desconocidos, como por ejemplo ir a la tienda a comprar, hacer una llamada de teléfono o leer un texto a un conocido.

Sin embargo, no todas las personas tartamudas reaccionan igual ante el problema, ya que algunos no se lo toman como un obstáculo sino como una característica de su persona, por lo que no desarrollan actitudes ni expectativas negativas. Por desgracia, estas personas son una minoría, y por ello, hay que tener siempre presente que aunque el trabajo de logopedia es fundamental a la hora de tratar la tartamudez, debemos siempre incluir la intervención psicológica con el fin de proporcionar a la persona las herramientas que le permitan valorarse y enfrentarse al mundo día a día.

Fuentes bibliográficas: Salgado Ruiz, A. (2005). Manual práctico de tartamudez. Madrid: Síntesis; Salgado Ruiz, A. Guía para pediatras. Fundación Española para la Tartamudez.

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