El duelo: fases, cómo superarlo y afrontar la pérdida (guía completa)
El duelo: fases, cómo superarlo y afrontar la pérdida (guía completa)
Atravesar un duelo es difícil y no tienes que hacerlo en soledad. Si necesitas acompañamiento profesional, conoce nuestra psicología para adultos en Valladolid.
Las fases del duelo y cómo superarlo
El duelo es un proceso en el que pasamos por distintas fases que no siempre aparecen de forma ordenada y que pueden solaparse entre ellas. Conocer cuales son ayudará a entender lo que le pasa a alguien que está pasando por un duelo y en consecuencia, a ayudarle de forma más adecuada.
Es un proceso natural por el que pasamos todos en un momento u otro de nuestra vida, por lo tanto, estamos preparados para superarlo. Pero no siempre resulta sencillo y puede ocurrir que el proceso se complique y el sufrimiento y coste emocional sea más intenso y/o más prolongado de lo habitual. En este caso, recuerda que no estás solo y que hay profesionales que pueden ayudarte a transitar de forma más adecuada por tu duelo; porque aunque el tiempo ayuda a cicatrizar las heridas no siempre es suficiente para curarlas.
Cuáles son las fases del duelo
Las fases del duelo son una serie de etapas emocionales por las que pasa una persona tras una pérdida. Esta puede ser la pérdida de un ser querido, un divorcio, un trabajo o un cambio importante en su vida.
Si bien es cierto que no todas las personas experimentan todas las fases y el orden puede variar. En cualquier caso, desde la Psicología se han identificado 5 fases (Modelo de Kubler-Ross):
- Negación: la primera fase es la de la negación. Sucede cuando la persona que recibe la trágica noticia se niega a aceptar la realidad y puede sentir shock o incredulidad. Por ejemplo, no reaccionar ante el fallecimiento de un ser querido o no querer aceptar que la pareja ha pedido el divorcio.
- Ira: la siguiente reacción natural de las personas, es la de la ira. Se traduce en forma de rabia, culpa, frustración, enfado, etc. En esta etapa del duelo también se tiende a culpar a otra persona (incluso al fallecido: “no ha luchado lo suficiente y me ha dejado solo…”).
- Negociación: esta fase del duelo no la experimentan todas las personas, pero puede suceder. En ella, la persona intenta negociar con Dios, el Destino u otra entidad para que la pérdida no se produzca (“si se cura, dejaré de fumar…”).
- Depresión: es la fase más conocida y evidente del duelo. Es completamente normal sentir pena, tristeza, soledad… El problema es que puede desencadenar en una depresión de mayor o menor gravedad según el caso y la persona. Por eso es importante hablarlo y tratar de salir, si no se puede solo o con la ayuda del entorno, con ayuda profesional.
- Aceptación: el duelo empieza a darse por cerrado con esta etapa. La realidad es tozuda y no queda más remedio que aceptarla y seguir viviendo. La persona afectada encuentra la forma de seguir adelante y comenzar a reconstruir su vida sin la persona que falleció (o que perdió de otra forma).
¿Cómo superarlo?
Es importante ser consciente de nuestras reacciones emocionales. Aceptarlas y entenderlas; y a ser posible, compartirlas. El apoyo del entorno es fundamental pero no siempre está disponible y/o preparado para ayudar adecuadamente. Por eso, recurrir a ayuda profesional es la mejor opción para afrontar lo ocurrido y superarlo de forma óptima de modo que no se convierta en un duelo enquistado que arrastremos a lo largo de nuestra vida. El psicólogo tiene los conocimientos y herramientas necesarias para acompañarte en el proceso de duelo manejando adecuadamente cada etapa en que te encuentres. Podrás expresar tus emociones y sentirte entendido alejando el sentimiento de soledad que nos acompaña cuando pensamos que nadie es capaz de comprender lo que nos pasa.
Aunque es un proceso natural, por distintas circunstancias, no todas las personas consiguen superar el duelo por sí mismas. Pero perpetuar el dolor no es la mejor opción ni para tí ni para quienes te quieren y te necesitan.
¿Te ha quedado alguna duda? Recuerda que hablarlo siempre ayuda.
Aceptar la pérdida
“Uno no es adulto verdaderamente, hasta que pierde a sus padres. De eso me di cuenta el día en que murió mi madre…Cuando fue mi padre quien se fue, yo ya hacía tiempo que me había dado cuenta de lo vulnerables que somos y de que a partir de ese momento la que marchaba al frente era yo…” Son palabras de una mujer que ha acudido recientemente a consulta en fase de duelo: aceptar la pérdida.
Se encuentra mal, aunque no sabe determinar muy bien qué le pasa. No tiene ganas de nada, todo le parece que carece de sentido y de interés y se encuentra cansada. De hecho el cansancio fue el que le llevo al médico de cabecera quien después de la pertinente analítica que descartó problemas físicos, la recomendó buscar la ayuda de un Psicólogo.
En la primera entrevista pasamos de un “no se que me está pasando”, al párrafo que abre éste artículo.
Después de la evaluación apareció claramente que lo que la estaba ocurriendo es que estaba sufriendo un duelo complicado que requería intervención y asesoramiento psicológico profesional del duelo y aceptar la pérdida.
Todos a lo largo de nuestras vidas sufrimos pérdidas. Perdemos trabajos, rompemos con la pareja, olvidamos a los amigos, o nos olvidan. Todas estas cosas constituyen pérdidas que hemos de afrontar. La diferencia es que la mayoría de estas cosas a las que decimos adiós, no desaparecen, siguen de una u otra manera ahí y siempre nos queda la sensación de que podremos volver atrás y modificar algo si lo necesitamos. La muerte no nos deja esa opción. Con la muerte se da carpetazo a la relación establecida que en su epílogo solo muestra lo que ha sido, no lo que hubiéramos querido que fuera o lo que hubiera podido ser.
El duelo es el proceso por el cual una persona afronta la pérdida. Para ello, tendrá que poner en marcha todas las herramientas que posea,
y ocurre que muchas veces o no se tienen o no somos capaces de utilizarlas por las especiales circunstancias que acompañan al óbito.
En el caso de mi paciente, su madre había padecido un cáncer que fue operado, tratado y que reapareció a los 5 meses en forma de metástasis en hígado y huesos. A los 9 meses del diagnóstico falleció. No fue un proceso muy largo, pero sí fue muy duro por cuanto los hitos de la enfermedad fueron muy seguidos y con poco tiempo para asimilarlos. Cuando murió su madre, la paciente siguió adelante haciéndose cargo de su padre, de sus hijos pequeños…sin darse tregua, ni tiempo para elaborar el duelo. Cuatro años después cuando murió el padre empezó con los problemas descritos que la han traído a la consulta.
Cuando le dije que lo que la ocurría estaba relacionado con un duelo complicado por la muerte de su madre, no lo creía. “¿Pero si hace mucho tiempo de eso y yo he seguido con mi vida normal?,…Además a todo el mundo se le muere alguien y no quiere decir que tenga que ir al psicólogo”…
Lo que no se sabe habitualmente es que entre un 20 y un 30% de los pacientes que acuden a los Servicios de Salud Mental (públicos, de los privados no hay estadísticas), lo hacen debido a un duelo complicado o no elaborado.
Elaborar el duelo es reconstruir el significado de la pérdida. Por tanto la Tarea del Duelo es permitir la adaptación y la asimilación de la pérdida. Es un proceso natural para el que el ser humano está preparado, pero es necesario pasar por una serie de fases que nuestra sociedad actual no siempre facilita ni permite.
Kubler-Ross identificó 5 fases:
- De negación y aislamiento (“esto no es posible”, “en cualquier momento volverá a entrar por la puerta”, etc.)
- De Ira (“como puede haberle pasado esto a él/ella”, “no es justo”, etc.)
- De Negociación (“si voy todos los días al cementerio le voy a sentir cerca”, etc.)
- De Depresión (“no puedo vivir sin él/ella”, “¿qué va a ser de mí?”, “he perdido todo”, etc.)
- De Aceptación (“él querría que disfrutara”, “otros también mueren, es ley de vida”, “es difícil, pero tengo que seguir adelante”, etc.)
Todas ellas son normales y requerirán un tiempo, variable para cada persona, que debe respetarse para poder elaborar adecuadamente el duelo. Pero es bastante frecuente, encontrarnos con pacientes a los que “no se les ha dejado” realizar éstas tareas. Con la premisa de “la vida sigue”, “tienes que empezar a hacer vida normal”, “no pienses en ello” y similares, muchas personas se ven impelidas a seguir adelante con “prisa” sin respetar los tiempos que necesitan para asimilar y aceptar lo ocurrido. El dolor, la rabia, los sentimientos de culpa y muchas otras emociones, quedan entonces aletargadas y aparecen de forma explosiva cuando menos lo esperan y cuando es más difícil elaborar el duelo porque ha pasado tanto tiempo que el objeto del dolor ya ha perdido relevancia explicativa.
En una sociedad que evita el dolor en todas sus manifestaciones, procesar adecuadamente el que nos produce la pérdida de alguien cercano y/o querido se convierte, a menudo, en una misión difícil.
En general, resulta bastante incómodo a los demás estar con gente triste y que pasa por momentos complicados. Por un lado, porque resulta un recordatorio de que la muerte está presente en la vida de todos; y por otro, porque las más de las veces, no se sabe cómo tratar a los dolientes y se les presta la solución fácil (que no lo es) de “olvidar”, “mirar hacia otro lado” y “seguir adelante”.
La propia urgencia de prescribir medicación de forma inmediata no es más que una manifestación de ésta intolerancia al dolor ajeno.
De hecho, no es recomendable la prescripción de antidepresivos e hipnóticos durante los tres primeros meses o más, a fin de no enmascarar los síntomas de un posible duelo complicado o de una depresión.
Las personas que están pasando por un proceso de duelo van a presentar un cúmulo de sentimientos, pensamientos, conductas e incluso sensaciones físicas, que debemos aceptar, comprender y acompañar:
| SENTIMIENTO | COGNICIONES | SENSACIONES FÍSICAS | CONDUCTAS |
| Tristeza | Incredulidad | Opresión precordial | Hipoactividad |
| Angustia | Pens. y obsesiones con el fallecido | Dolores de cabeza | Hiperactividad |
| Enfado | Alucinaciones visuales y/o auditivas | Alteraciones del sueño | Aislamiento Social |
| Ira | Dificultad en la atención, concentración y memoria | Trastornos del apetito | Hablar con la persona fallecida |
| Culpa | Confusión | Trastornos neurovegetativos (palpitaciones, temblores, taquicardias) | Salidas a lugares relacionados con el fallecido |
| Soledad y abandono | Sentimientos de irrealidad | Sensibilidad a ruidos | Oler, tocar, hacer ofrendas (altar) |
| Impotencia e insensibilidad | Boca seca |
Y cuando estos síntomas se agudizan y/o se cronifican a lo largo del tiempo de forma evidente o encubierta, es el momento de buscar la ayuda especializada que pueda ofrecer las herramientas adecuadas para hacer aflorar las verdaderas causas del malestar e intentar solucionarlas.
Autor: Montserrat Sanz García
Cómo prepararse para la muerte de un ser querido
La muerte de un ser querido es un momento muy doloroso por el que tarde o
temprano vamos a pasar todos. Esta pérdida se encajará de distinta forma según
cómo se produzca el óbito (si se trata de una larga enfermedad, o si es algo repentino
e inesperado). Pero, ¿se puede estar preparado para la muerte de un ser querido?.
Podemos decir que hay formas de prepararse y afrontarlo.
¿Cómo puedo prepararme para la muerte de un ser querido?
Primero de todo, es inevitable que todos pasemos por esta experiencia en algún
momento de nuestras vidas. Pero la realidad es que existen formas de prepararse para
ello y de poder afrontarlo de una forma más efectiva y adaptativa. ¿Cómo hacerlo?
● Aceptar la realidad: lo primero que se debe hacer para prepararse para el
fallecimiento de una persona, es aceptar la realidad. Cuanto más tiempo se
tarde en aceptarlo, más intenso será el dolor y más prolongado en el tiempo
Así, por ej. ante un diagnóstico que compromete la esperanza de vida de
nuestro ser querido, cuanto antes lo aceptemos antes empezaremos a pasar el
proceso de duelo.
● Hablar sobre la muerte con nuestro ser querido antes de que suceda: no es
lo mismo cuando se trata de una persona que está enferma y que tiene un mal
diagnóstico, que cuando es una muerte completamente inesperada. En el
primer caso, se pasan fases del duelo en vida ( duelo anticipado) que muchas
veces no se sabe cómo gestionar. En la mayoría de las ocasiones se instala lo
que llamamos “la conspiración del silencio” donde el enfermo no habla
abiertamente por temor a hacer daño a sus allegados y estos tampoco lo hacen
por la misma razón. Pero compartir emociones por una y otra parte es positivo
y dará a todos la posibilidad de ventilar sentimientos y “no quedar nada en el
tintero”, nada por decir. A posteriori, esta forma de abordar la situación
favorecerá que el proceso de duelo sea más fluido y menos doloroso.
● Hablar con un profesional de la salud mental: durante el proceso de pérdida
de un ser querido, es totalmente normal caer en la tristeza y tener
pensamientos negativos o que no se vea “la luz al final del túnel”. Cuando los sentimientos de ansiedad y tristeza son demasiado intensos, prolongados en el
tiempo e interfieren en el desarrollo de nuestro día a día cotidiano, es
recomendable ponerse en manos de un profesional de la salud mental. Desde
nuestra formación y experiencia en el tratamiento del duelo, podemos
proporcionar herramientas y estrategias para hacer frente a la pérdida y que
se puedan procesar las emociones de una manera óptima y adaptada.
● Hacer algo bonito por esa persona: a veces, organizar un encuentro para
conmemorar su memoria( por ej., una fiesta o quedada con amigos y familia,
hablando de lo especial y única que era esa persona), o hacer algo que a él/ella
le hubiera gustado (ayudar a alguna asociación, o viajar a determinado lugar…)
puede ser una forma de ayudarnos a ventilar nuestras emociones y, por tanto,
a procesar su marcha.
No es fácil estar preparado para la muerte de un ser querido, porque esta no siempre
avisa y cada caso es un mundo. No olvidarlo nos ayudaría a ser conscientes del regalo
que supone la vida y el disfrutar de las personas que tenemos a nuestro alrededor.
Vivir cada día como si fuera el último nos permitiría hacerlo más intensamente pero,
seamos sinceros, ¿quien lo hace?. En realidad, vivimos como si la vida fuera a ser
para siempre y esas personas que nos importan fueran a estar junto a nosotros
indefinidamente porque no podemos tener presente de forma continua la muerte.
Pero sí debemos ser más conscientes de que llegará y, en la medida de lo posible,
prepararnos para las despedidas. Si quieres saber cómo hacerlo…¿Hablamos?
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Montserrat Sanz García, psicóloga sanitaria con una amplia experiencia trabajando en la mayoría de problemas que afectan a adultos, niños y adolescentes, tanto en terapia individual, como de pareja y familia, puede ayudarte en su consulta de Valladolid, Laguna de Duero u Online. Aquí se ofrecen artículos de ayuda psicológica para abordar gran variedad de problemas y preocupaciones. Ya sea que estés lidiando con ansiedad, depresión, estrés o conflictos en tus relaciones, puedes encontrar las herramientas y el apoyo necesarios para superar estos desafíos. Sigue leyendo para descubrir el apoyo que te puede ofrecer este artículo. La terapia psicológica puede marcar la diferencia en tu bienestar emocional y mental.
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