La fibromialgia es una enfermedad de causa desconocida cuyo principal síntoma es el dolor crónico generalizado. Dada su elevada prevalencia, se ha convertido en un problema a nivel sanitario ya que a las limitaciones de su etiología y a la falta de un tratamiento estándar, se le une la variedad de tratamientos propuestos (con mayor o menor eficacia) y los numerosos especialistas implicados en el diagnóstico e intervención.

Para los pacientes con esta enfermedad, además de padecer los síntomas y problemas anteriormente mencionados, se produce un deterioro importante en su calidad de vida que les obliga a una modificación de la misma y a una reestructuración familiar. A ello se suma que, en ocasiones, se sienten incomprendidos por sus familiares que no acaban de entender el estado emocional en que se encuentra el paciente ni los cambios comportamentales y anímicos que presenta.

Ante un diagnóstico de fibromialgia la persona suele reaccionar con miedo pero también con ira y rabia. Puede sentirse solo y perdido en un mundo que empieza a romperse y la esperanza de mejorar se siente lejana.

Es normal que aparezca la depresión y/o la ansiedad pues es difícil convivir con la fatiga y el dolor constante. La persona tiene sensación de inutilidad e incluso de culpa. Siente miedo y necesidad de escapar.

En nuestro trabajo diario, hemos sido conscientes de las lagunas existentes en cuanto al apoyo psicológico necesario que estas personas deberían tener. También nos hacemos eco de las demandas que los distintos miembros de la unidad familiar solicitarían si hubiera alguien que las atendiera.

Sabemos que no podemos curar la enfermedad, pero sí apoyarles en un nuevo aprendizaje de vida, en una forma diferente de relacionarse con los síntomas y las emociones negativas consecuentes de padecerlos.

Somos conscientes de que para conseguir la máxima calidad de vida que nos permita esta enfermedad, es necesaria una intervención multidisciplinar que nos permita, entre todos, poder plantarle cara a la fibromialgia.

Nuestro objetivo es que los pacientes recuperen en lo posible la “normalidad en su vida”, aprendiendo a vivir con la enfermedad y asumiéndola como parte de ella.