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Tolerancia a la Frustración

Tolerancia a la Frustración

La palabra frustración, que parece tener connotaciones tan negativas en nuestro tiempo, habla de un concepto psicológico que incluye aquellas emociones negativas que se generan como consecuencia de no conseguir los objetivos que el individuo desea. Esta incapacidad para conseguir lo deseado, puede ser interna, esto es, provenir del propio individuo (por ej. de una incapacidad propia) o puede obedecer a barreras externas. Tanto en uno como en otro caso, el nivel de frustración dependerá del nivel de incapacidad para lograr lo deseado y del grado y/o intensidad con que se desea; de forma que a más deseo y a más barreras, la frustración es mayor.

A lo largo de nuestras vidas, nos enfrentamos constantemente con frustraciones sucesivas. De hecho, podríamos decir, que madurar viene determinado por la capacidad que tenemos para afrontar nuestras frustraciones. Y resaltamos el término afrontar, que no enfrentar. Porque no se trata de una oposición a la frustración, sino una adaptación a la misma…que no es lo mismo.the_leftovers_2350_620x413-620x320

Y porque es tan importante adaptarse a aquello que nos va a acompañar a lo largo de nuestro camino, vemos con preocupación la actitud que se está adoptando en nuestra sociedad actual hacia la frustración.

No son pocos los padres que consultan por problemas en el comportamiento de sus hijos cuya base está en esa falta de tolerancia a la frustración. Existe una idea generalizada de que el niño no debe pasarlo mal, no debe sufrir en ningún momento y para ello se pospone la palabra «NO» una y otra vez.

Me decía una madre en consulta por su niño de 5 años: “ si quiere acostarse un rato más tarde que me cuesta decirle que sí, o si quiere ver sus dibujos mi marido y yo nos vamos a ver la tv a la cocina y el niño está tranquilo…”. Puede que nos de igual acostar al niño a las 9 o a las 9,30h. No es esa la cuestión.

La cuestión es que hay que acostumbrarles desde pequeños a lidiar con sus pequeñas frustraciones diarias, si queremos que sean capaces de adaptarse a todas aquellas que se les van a presentar a lo largo de su vida con toda seguridad. Si un niño no se enfrenta a los NO de las pequeñas cosas («No puedes dormir con mama…», «No puedes comer chuches…», «No puedes coger los juguetes de los demás…», etc.…), se acostumbrará a conseguir todo lo que desea y de la manera que sea, convirtiéndose en un tirano para todos los que le rodean.pequeño-tirano1 Y ese comportamiento no solo será una carga para los demás, sino para sí mismo, ya que el conseguir todo lo deseado llegará un momento en que no le reporte gratificación alguna (lo tiene tan fácil…), y deseara más y más sin sentirse pleno en ningún momento.

La tolerancia a la frustración es el primer ladrillo en la construcción de la personalidad. Y dependiendo de cuan sólido sea, será capaz de cargar con el resto de la construcción o no.

Otras generaciones tenían claro que ser firmes con los crios les hacía más fuertes. Y salvando las distancias y muchos excesos de antaño, en parte tenían razón. Ahora se les sobreprotege, se les tiene “entre algodones”, y estamos haciendo de nuestros hijos personitas menos fuertes emocionalmente y susceptibles por tanto, de padecer muchos más problemas psicológicos en el futuro.

Así que, si después de leer esto aún te planteas qué hacer cuando tu hijo (niño, adolescente o joven) te pide que hagas realidad sus deseos, no pienses en lo que será más fácil para ti, sino en lo que será mejor para él/ella.

Hay que recordar que en la actualidad han aumentado de forma exponencial los trastornos de comportamiento en niños/adolescentes/jóvenes, quintuplicándose en seis años el nº de denuncias por agresiones de hijos a padres.

Estos trastornos que suelen incluir irritabilidad, agresividad e incluso violencia física y/o psicológica hacia los padres, profesores, etc.…tienen su origen en la mayoría de los casos (excepto en aquellos en que existe un trastorno mental subyacente) en una mala gestión emocional y de los impulsos ante las frustraciones, es decir en una baja tolerancia a la frustración.

No conseguir el dinero que quiero, no tener acceso al móvil o a internet, no tener el coche que deseo…son algunos de los detonantes de las agresiones que acaban en denuncia, con el coste emocional que supone para ambos, denunciante y denunciado.

Por ello nos preguntamos:

¿Si conocemos algunas de las causas, no sería lo más óptimo prevenirlas?. Igual la solución no pasa por negar lo inevitable (la frustración) sino por aprender y enseñar a quienes se están formando, a vivir con ella en una amigable aceptación.

Autor: Montserrat Sanz García

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