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¿Que pasa con nuestros niños?

¿Que pasa con nuestros niños?

Leyendo el periódico en el desayuno, me encuentro con un reportaje sobre las nuevas formas que tienen los españoles de ir de vacaciones. Entre ellas, me llama la atención un apartado dedicado a aquellos alojamientos sólo para adultos, free-kids--644x362donde no se admiten niños. Parece ser que éste tipo de hoteles, casas rurales y apartamentos están viendo crecer sus reservas y su número. De forma que si al principio eran solo tres, ahora ya se cuentan al menos 12 hoteles y otros tantos alojamientos rurales. El director de uno de estos hoteles explicaba que durante mucho tiempo habían funcionado como un hotel convencional pero que en los últimos años se habían producido múltiples conflictos por las molestias que los niños causaban a los clientes y al personal del hotel . “Fue entonces cuando nos planteamos reconvertir el hotel a solo para adultos”. Lo que empezó siendo una “rara avis” de los hoteles, ha empezado a despegar con fuerza. ¿La razón?: “nuestros clientes vienen a descansar, a relajarse y eso es imposible con niños corriendo y chillando por doquier y padres que no les controlan en absoluto”…

Y aquí empezó mi reflexión. Porque me parece triste que haya que hacer prohibiciones y leyes para todo, cuando nunca ha hecho falta más ley que la del sentido común y el respeto a los demás. Pero claro, precisamente de su falta es de la tinta con que se escriben las prohibiciones.

Y es que en éstas últimas generaciones, se viene observando una “mala educación” de libro. Y no hablamos de educación entendida como “urbanidad y buenas costumbres” a las que muchos asocian el concepto (cosa que por otro lado, tampoco está de sobra), hablamos de la educación que todo niño que se está formando tiene derecho a recibir y que incluye la enseñanza de unos límites en su comportamiento y de unos valores personales tales como el respeto a los demás y sobre todo a sí mismo.

En ésta sociedad en que parece que la infancia es el paraíso de la dejación ( “que disfrute…”, ”que haga lo que quiera..”, ”son niños…”…), flaco favor se les hace a nuestros críos con tal actitud. Porque si algo necesita un niño para formarse adecuadamente son normas, pautas de comportamiento….la seguridad de que hay un adulto responsable que no deja a su elección qué hacer en cada momento.

Para los niños que son seres que no están formados, que no tienen criterio ni conocen las consecuencias de sus actos, “hacer lo que quieren” no es igual a sentirse mejor, porque a la larga ocurre que “no saben qué hacer” y eso les genera ansiedad, irritabilidad, agresividad y emociones negativas.Niños

Imaginémonos yendo a la Luna sin tener ni idea de lo que es ser astronauta y que aquel que lo es y nos acompaña, no nos dice qué tenemos que hacer, cuando ni cómo. Empezaríamos a tocar botones, pantallas, ponernos una escafandra…con la ansiedad de no saber qué consecuencias van a tener estos actos; si nos llevaran al destino o cortaremos el oxígeno y nos condenaremos a morir….Necesitaríamos que nuestro astronauta nos dijera cuando encender tal botón o cortar tal otro…Pues así es como se siente un niño “mal educado”.

Lo triste de todo es que los padres creen que “educar al niño”, ponerle límites y reforzarle los comportamientos adecuados, le hace menos libre, más reprimido y menos feliz, cuando lo que ocurre es justamente lo contrario.

Y esos niños crecen, y se convierten en adolescentes conflictivos, agresivos y que ya no “hacen tanta gracia” a unos padres que se ven “superados” por los comportamientos caprichosos y aleatorios de aquellos a quienes se “educó mal”.

Por eso proliferan los alojamientos solo para adultos, porque a los niños de hoy (no a todos, solo a los que describimos aquí), sólo les soportan (y no siempre) sus padres. De hecho un 75% de los clientes de estos tipos de hoteles, han sido o son padres que no están dispuestos a aguantar críos molestos e incordiones, ni a padres “progres” que creen que está justificado amargar la cena, la piscina y/o el sueño al vecino con tal de que su niño haga lo que quiera y sobre todo, le deje en paz.

Como decía Pitágoras “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. Haríamos  bien todos, padres y educadores en no perder de vista ésta sentencia que facilitaría el desarrollo de una sociedad más saludable, con menos conflictos y mejores relaciones interpersonales y que permitiría que nuestros niños se convirtieran en adultos formados, con valores y adaptados, y por tanto más felices.

Autor: Montserrat Sanz García

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