La dismorfia corporal o trastorno dismórfico corporal (TDC), es un tipo de afección psicológica que desarrollan las personas que tienen una preocupación excesiva e irracional por su apariencia física; afectando gravemente a su salud. Es un trastorno que afecta a alrededor del 2% de la población general, a hombres y mujeres.
Las personas que sufren de dismorfia corporal perciben a menudo una serie de defectos imaginarios o leves en su apariencia física. Aunque puede afectar a cualquier parte del cuerpo, normalmente ocurre en la piel, el cabello, la nariz, los dientes, los senos, etc. También afecta al peso o la altura.
Una persona que tiene este trastorno pasa horas al día preocupado por su apariencia. Se mira al espejo y se compara con otras personas, lo pasa francamente mal teniendo inseguridades y problemas de autoestima.
El problema llega en los casos más graves, donde las personas realmente dejan de querer salir de casa, evitan socializar o participar en actividades donde tienen que mostrar el cuerpo. Digamos que, no son capaces de hacerlo, les supera.
En realidad, no existe una causa como tal. Pero sí se cree que se trata de una combinación de factores biológicos, psicológicos y ambientales. Así como posibles desequilibrios químicos en el cerebro o experiencias traumáticas y presiones sociales fruto de los estándares de belleza actuales. El bombardeo de imágenes con cuerpos perfectos (“perfectamente retocados digitalmente”) lleva a las personas a establecer una continua comparación en la que lógicamente “salen perdiendo” generándoles la idea de imperfección y una autovaloración negativa muy peligrosa.
Ajustar las expectativas de la persona a la realidad haciéndola ver incluso los trucos de que se valen las redes sociales y la publicidad para conseguir esas imágenes perfectas, es uno de los primeros pasos para la autoaceptación.
En los casos más graves, el tratamiento de la dismorfia corporal combina terapia psicológica y farmacológica (para reducir síntomas de ansiedad y depresión muy intensos que pueden dificultar la permeabilidad a la terapia). En general, la terapia cognitivo-conductual (TCC) suele resultar altamente efectiva para ayudar a las personas que sufren este trastorno.
Son muchos los casos que se ven en las consultas con este problema. Generalmente afecta más en la adolescencia y primeros años de la juventud, momentos en los que las inseguridades y dudas están más presentes, pero no es raro que la dismorfia corporal se mantenga en la edad adulta encontrándonos con pacientes asiduos a operaciones de estética en un afán por conseguir su ideal de belleza imposible.
La ayuda profesional en estos casos es imprescindible y ayuda a cambiar la percepción sobre el propio cuerpo, a autoaceptarse, a valorarse y quererse tal como se es.
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