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Pero…¿la terapia funciona de verdad?

Pero…¿la terapia funciona de verdad?

Pero…¿ esto funciona de verdad?…Esa fue una de las primeras preguntas que me hizo un cliente recientemente.

Había venido con una actitud de escepticismo, empujado por su familia que le veía mal y estaba padeciendo su estrés y sus ataques de ansiedad. Había acudido al médico de cabecera para que le diera algo que le ayudara a dormir y éste le había “frito”(según su propia expresión) a pastillas que le atontaban y le impedían rendir en su trabajo. Alguien le había dicho que por qué no probaba con un psicólogo, y él venía “a ver que pasaba” pero sin ninguna fe en que se fueran a resolver sus problemas de éste modo.

Cuando le preguntamos por qué exhibía esa actitud nos dijo que conocía a “muchos” que habían ido a un psicólogo y “habían acabado más zumbados que estaban” (sic), y siguió diciendo que cómo “me hagas cosas raras no vuelvo más”.???????????????????????????????????????

A todos nos ha pasado encontrarnos con casos cómo este. Son clientes que acuden dándose una última oportunidad para solucionar los problemas que de otra forma no han conseguido, pero sin creerse demasiado la eficacia de lo que emprenden.

Establecer confianza en la relación terapéutica y en su eficacia,  es un trabajo previo imprescindible en estos casos.

Pero, ¿de dónde procede esa desconfianza que encontramos en muchas de las personas que vienen, o no, a consulta?. Mucho influyen los comentarios de aquellos que sí han buscado ayuda profesional por alguna cuestión concreta…, y no siempre el resultado es el esperado. Pero deberíamos preguntarnos por qué.

-Hay muchas personas que acuden al psicólogo con unos objetivos nada ajustados a la realidad. Por ej. me estoy acordando de aquel hombre que solicitó consulta para una terapia de pareja porque quería que la relación con su mujer mejorara y se daba la circunstancia de que estaban separados y ella ya tenía una nueva relación. Cuando le hicimos ver lo irreal de su pretensión puso como colofón a su despedida un “luego dirán…pero los psicólogos no valen para nada. Son unos charlatanes”.

-Otras pretenden que sea el psicólogo el que solucione sus problemas sin que ellos tengan que realizar ningún esfuerzo, ni implicarse en nada. OBJ2617275_1--478x270Buscan una “píldora mágica “que cambie sus vidas (generalmente ya la han buscado en sentido real en la consulta del psiquiatra, sin éxito) y se niegan a realizar ningún cambio si ello les supone algún trabajo.

– Están aquellas personas cuyo objetivo es difícilmente alcanzable. Por ej. el caso de una mujer extremadamente tímida y con pocas habilidades sociales que sin embargo se planteaba llegar a ser jefa de enfermería de un gran hospital en el que trabajaba. A pesar de que consiguió llegar a ser supervisora de enfermeras en su servicio, consideró que la terapia no le había funcionado porque no había conseguido el objetivo con el que había acudido a la consulta.

-Luego nos encontramos con “los acelerados”. stressAquellos que en cada sesión te preguntan “cuando voy a estar bien”, ”cuanto tiempo necesito”. Y se centran tanto en alcanzar el objetivo cuanto antes, que no trabajan adecuadamente para conseguirlo.

Es evidente que en todos estos casos, es tarea del psicólogo replantear los objetivos del cliente y ajustarlos lo más posible a su realidad y sus posibilidades, y desde luego trabajamos en ello con ahínco consiguiendo la mayoría de las veces ajustar las expectativas a los resultados. Pero siempre hay casos en los que esto no se consigue y es entonces cuando los clientes manifiestan a quien les quiera escuchar (amigos, compañeros de trabajo, vecinos, etc…) que “esto de la psicología no vale para nada, más que para sacar el dinero”.

A esto hay que añadir la imagen de charlatanería barata que algunos profesionales ofrecen en programas de entretenimiento en TV y que pueden hacer pensar a muchos que la psicología sirve para saber si éste miente cuando dice que está enamorado de aquella, o si está deprimido cuando está en una fiesta….

Es mucho el trabajo y la tarea que tenemos por delante para conseguir generar confianza en las personas que necesitan de la psicología.

Darla a conocer en su verdadera magnitud, la de una ciencia al servicio del bienestar y la salud de las personas, es un reto que deberíamos afrontar todos los que amamos ésta profesión. Y todos saldríamos beneficiados de ello: profesionales y clientes/pacientes.

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