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¡No sin mi móvil!

¡No sin mi móvil!

Soy una persona muy independiente. Sobre todo, en cuanto a viajes y vacaciones se refiere. Me gusta ir a mi aire y a mi ritmo y considero que para viajar con otras personas, la filosofía del viaje debe ser común y compartida. Por eso me sorprendí a mi misma ante la propuesta de mi pareja para compartir unas pequeñas vacaciones de puente con otras tres parejas. “Nos lo pasaremos bien. Haremos canoas, marchas y cuanto más gente mejor…”.

Dado que soy siempre quien organiza las vacaciones me dejaron la responsabilidad de buscar el alojamiento “que sea tranquilo, que quiero dormir y desconectar…” pidió uno de mis amigos. Y muy obedientemente cumplí sus deseos. Una casa rural, en una pequeña aldea en un valle entre montañas de la que todas las opiniones coincidían en catalogar como “tranquila y con calidad de sueño”.

Los problemas empezaron nada más llegar. “¡¿No me digas que no hay cobertura?!. ¿Cómo llamamos a casa para decirles que ya hemos llegado?,¿Y si pasa algo en casa como nos avisan los chicos?…”.

Sintiéndome responsable fui a hablar con el dueño de la casa que vive a 1km. de allí, para pedirle su nº de teléfono fijo y su permiso para dárselo a la familia por si necesitaban utilizarlo ante cualquier emergencia. ¡Problema resuelto!, pensé. Craso error…En cuanto nos acercamos al pueblo a tomar un café después de la cena, descubrieron (porque lo preguntaron) que el bar tenía wifi.Smartphones-300x168

“Voy a conectarme un momento a ver si me han mandado el informe de la reunión…”, …“mandaré un whatsapp a Enrique, a ver que tal le ha salido el examen…”.

En definitiva, ocho personas reunidas en torno a una mesa, cada una mirando su móvil y Tablet sin mirarse entre ellas. “Qué bien lo estamos pasando”, pensé. Cuando me levanté para volver a la casa, la respuesta fue :”…sí, sí, id yendo, que estoy esperando que me manden las fechas para las reuniones de septiembre…”.

Podéis imaginar cómo transcurrieron los otros cuatro días de “vacaciones”. El alquiler de la casa rural resultó un despilfarro, porque pasaban más tiempo en el bar del pueblo que disfrutando de “la tranquilidad y calidad del sueño” y cuando no estaban allí, estaban pendientes de terminar cualquier actividad que estuviéramos realizando para volver a su ansiada puerta a la conexión…

Pero… ¿no se suponía que queríais “desconectar” y descansar…?

Aparte del enfado monumental que me agarré y de mi juramento a perpetuidad de no volver a compartir mi tiempo de ocio con nadie ajeno a mi intimidad, surgió la deformación profesional de observar y evaluar los comportamientos de los demás. Era evidente que les resultaba muy difícil, por no decir imposible, desconectar. Cuando no podían consultar sus mensajes del móvil o ver su Facebook o realizar y recibir llamadas, presentaban síntomas evidentes de ansiedad. Estaban nerviosos, desconcentrados y ausentes, y con una necesidad injustificada por utilizar la tecnología. El mayor problema de todo ello, es que no son conscientes de que tienen un problema. Ven como algo normal tener el móvil en la mesilla de noche y consultarlo nada más que abren los ojos por la mañana y sienten que estar conectados es una obligación ineludible que deben cumplir.

El resultado: son incapaces de “separarse” de sus aparatos, y

tanto mirar la pantalla de móviles y tablets dejan de mirar lo que y a quien tienen alrededor.

Me resultaba llamativo que sintieran esa necesidad imperiosa de contestar a tal o cual persona a través del móvil cuando con los que estábamos alrededor no fueron capaces de mantener una conversación de más de cinco o seis frases.

Y el colofón a la “aventura” fue el comentario de …“no le dejan a uno descansar y desconectar…”.

Seguro que sois muchos los que os habéis visto identificados con ésta situación, en una u otra parte del relato.

Lo cierto es que las nuevas tecnologías, han cambiado nuestras vidas. Nos permiten estar informados y comunicados en cualquier lugar y momento del día y de la noche. La cuestión es que, cómo en todo, lo excesivo se convierte en un problema. En éste caso de enormes dimensiones, porque el peaje que se paga por esa “conexión” continua es la pérdida de contacto con el mundo real y mantenerse en un estado constante de alerta que genera tensión y ansiedad que nos agota física y psicológicamente.

Todos en mayor o menor medida nos vemos envueltos en esa vorágine diaria que supone consultar el correo, los whatsapps, leer la prensa, etc…En muchos casos nos vemos impelidos a ello por motivo de nuestro trabajo que nos exige esos niveles de disponibilidad, pero debemos ser capaces de diferenciar entre esa necesidad y su generalización a otros momentos de nuestra vida en los que podríamos y deberíamos eximirnos de ello.

Y las vacaciones y el ocio son unos de esos momentos. ¿Cómo conseguirlo?, os preguntareis.

Actuemos en esto como ante cualquier otra adicción. Nadie deja de fumar poco a poco. Quien se lo propone debe evitar el tabaco de una vez por todas aunque cueste…pues eso mismo ocurre con nuestro móvil, Tablet, etc…en esos periodos.

  • Antes de iniciar nuestras vacaciones, ocupémonos de cerrar citas, reuniones y gestiones varias.
  • Si dejamos algo pendiente que sea con la condición de resolverlo a nuestro regreso.
  • Dejemos nuestro Smartphone en casa. Todos tenemos algún viejo móvil de esos que solo sirven para realizar y recibir llamadas (recordemos que o que “engancha” es la posibilidad de acceder a internet y a todo lo que posibilita). Que sea uno de esos el que llevemos a nuestras vacaciones por si necesitamos comunicarnos con nuestra familia o solventar alguna emergencia.
  • No olvidemos además, que siguen existiendo teléfonos fijos.
  • Y a partir de aquí, de tomar éstas decisiones y de actuar en consecuencia, centrémonos en disfrutar del viaje, de los lugares que recorremos, de las personas con las que vamos….

Recuperemos el gusto por la charla, por contar chistes y reír con ganas, 21276643-amigos-disfrutando-de-un-picnic-relajante-sentados-juntos-riendo-y-charlando-en-una-mesa-en-un-parqupor mirarnos a los ojos y tocarnos con los que hablamos. En definitiva, recuperemos las relaciones humanas cercanas, el tú a tú…porque seguramente con ello, recuperaremos el equilibrio psicológico y emocional de que tan carente está hoy en día ésta sociedad nuestra y que lleva a muchos a la consulta del psicólogo. Muchas veces los grandes problemas por los que consultan las personas se solucionarían con algo tan sencillo como ser capaz de disfrutar con un grupo de amigos de cuatro días de asueto compartiendo la mutua compañía.

 

Autor: Montserrat Sanz García

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