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El miedo

El miedo

El miedo es el peor de nuestros enemigos. Nos paraliza, nos impide probar nuestras fuerzas. Nos hace sentir débiles, vulnerables, sin control sobre lo que nos va a ocurrir. Luchar contra el miedo es el principio básico del crecimiento y el desarrollo en el ser humano.

Los niños tienen miedo a caer cuando dan su primer paso, se lanzan por el tobogán o se meten en el agua por vez primera. Y deben luchar contra ese temor animados por nuestras palabras de confianza y nuestra presencia, para conseguir andar, correr o nadar. valentíaPor eso el ser humano es valiente por naturaleza, porque va en ella luchar contra sus temores y eso es la verdadera valentía. Hacer cosas, tomar decisiones que no nos causan temor, en las que nos sentimos seguros de nosotros mismos, no supone ningún acto de valentía, pero sí lo es cuando debemos afrontar nuestros miedos y superarlos, o al menos asumirlos para cambiar e ir hacia donde deseamos ir.

Recientemente, llegó a consulta una mujer joven, profesional preparada, con una pareja que la adora y a quien ella adora, con buen nivel socioeconómico y un amplio abanico de posibilidades en su vida ante ella. Sin embargo todo le da miedo. Y ese miedo la hace estar agazapada en el único lugar donde se siente “a salvo”, sin moverse, sin hacer ruido, sin disfrutar de lo que tiene a su alrededor…sin vivir.

A pesar de sus múltiples cualidades, se siente sin capacidad para nada. Cuestiona todas las posibilidades, cuestionándose en realidad a sí misma (“no se si voy a ser capaz”, “yo seguro que con eso no podría”, etc.) y con ello se incapacita para todas ellas. Como le aterra no ser capaz, no hace nada, de esa forma no debe enfrentarse a un posible fracaso que alimentaría sus ideas de incapacidad. miedo a la vida
Pero no hacer nada al mismo tiempo, la lleva a sentirse débil, vulnerable y culpable por no intentarlo. Y así, inmersa en éste círculo vicioso, ha llegado a la consulta acompañada del amplio abanico farmacológico con el que la medicina intenta solucionar estos problemas. Antidepresivos, ansiolíticos, somníferos…todos ellos “muletas” pasajeras que la van ayudando a pasar un día tras otro, pero que no la ayudan a resolver el problema. Porque la causa de todo lo que la ocurre está en sus miedos y esos, no hay pastilla que los borre como no hay nada que sin experiencia nos permita aprender. Las “iluminaciones” vamos a dejarlas para las creencias religiosas. La ciencia y el sentido común nos dicen que si tienes una piedra en el zapato, ponerte un grueso calcetín que amortigüe algo el roce, ayudará, pero la solución definitiva será sacar la piedra del mismo. Y esto tan sencillo, es algo que a muchas personas les cuesta asumir.

Consideran que tomar una pastilla que mitigue sus desajustes, resulta más eficaz porque sus resultados son más rápidos, no suponen ningún esfuerzo por su parte y creen que es más barato que poner solución a sus problemas con una terapia psicológica que les conlleva un gran esfuerzo, en principio parece más cara y cuyos resultados se dan a más largo plazo. La cuestión es que estos resultados no sólo suelen ser definitivos, sino que lo aprendido en una terapia provee de herramientas que van a ayudarles en otras muchas situaciones y momentos diferentes a aquellos por los que consultó. En cuanto al aspecto económico se refiere, basta calcular la cantidad de medicación prescrita que va “engordando” a medida que pasa el tiempo porque los síntomas se cronifican, aparece tolerancia, adicción, y múltiples problemas colaterales que suponen costos sanitarios elevados. Y todo ello sin contar la merma en la salud física que conlleva el consumo mantenido de medicación de éstas características.

Hagan ésta valoración y se darán cuenta de que una terapia psicológica es siempre la mejor primera opción.

Mi cliente la ha hecho, y después de una larga andadura sin resultados, ha sido valiente y ha dado el primer paso para enfrentar sus miedos: reconocer que tiene un problema y buscar ayuda adecuada.

Sabe, porque así se lo he dicho, que no va ser fácil, que tendrá que enfrentarse con cosas de si misma que preferiría no mirar siquiera, que habrá pasos adelante y otros de retroceso. Pero está dispuesta a afrontarlo con mi ayuda y la de quienes la rodean buscando una mejor calidad de vida, una forma de liberarse de sus miedos y en definitiva, de vivir. alegría por vivir

Y os aseguro que muchas veces, hay que ser muy valiente para vivir pero a fin de cuentas es lo que llevamos escrito en nuestro ADN: vencer nuestros miedos para crecer, aprender y transmitir lo aprendido a quienes vienen a perpetuar la vida.

Autor: Montserrat Sanz García

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