Expectativas fallidas

En muchas ocasiones la insatisfacción y el malestar que lleva a los pacientes a la consulta tiene más que ver con las expectativas incumplidas que con cualquier otro factor.

Expectativas con respecto a las personas que nos rodean, con respecto a la vida laboral que tenemos y expectativas incumplidas con respecto a nosotros mismos.

Nos planteamos ciertos objetivos en nuestras vidas que desafortunadamente raramente se cumplen en su totalidad y ello nos lleva a una situación de frustración con la consecuente autovaloración negativa y la aparición de estados emocionales negativos.

El ser humano es así. Nuestra mente genera una imagen de lo que debemos conseguir en nuestra vida: trabajo, pareja, casa, familia…independientemente de la situación y las posibilidades reales en las que nos encontremos. El choque es inevitable.

Hay quienes se consideran unos fracasados porque no han conseguido un trabajo estable a sus 30 años con dos licenciaturas y varios masteres. Ciertamente no es una situación ideal y tiene poco de positivo. Pero por muy buena que sea la situación si la comparamos constantemente con lo que esperábamos y no tenemos, evidentemente siempre saldrá perdiendo. Consecuencia: 1. Habrá una incapacidad para disfrutar de lo que tenemos (poco o mucho), y 2. La frustración que se genera dará lugar a emociones negativas que nos harán sentirnos mal y con menos capacidad para conseguir algo de lo que queremos.

Este “mal” es frecuente y se hace especialmente evidente en las relaciones de pareja. La mayoría de los problemas empiezan a generarse porque: “yo esperaba que fuese más cariñoso”, “pensé que compartiríamos el gusto por la aventura”, “creí que cambiaría sus hábitos una vez viviéramos juntos”…Seguro que todos hemos escuchado argumentos de este tipo entre nuestros amigos y conocidos.

Las expectativas incumplidas, o más bien las falsas expectativas están en la base de la “infelicidad”. Por ello es tan importante aprender a ajustarlas correctamente.

  1. Sin perder de vista la realidad. Puedes querer llegar a ser un gran empresario de éxito pero si trabajas como operario en una fábrica, es difícil que consigas ese objetivo
  2. Conociendo tus límites personales. A Juan le encantaría correr la Marathon de Nueva York (le atrae el ambiente, la experiencia), pero teniendo en cuenta que tiene 83 años, sobrepeso y una cadera y una rodilla de titanio resulta difícil pensar que pueda conseguirlo
  3. Teniendo en cuenta los soportes ambientales con los que cuentas. Es más sencillo que seas capaz de montar tu propio negocio si cuentas con la ayuda económica de algún familiar o entidad que si no lo tienes

¿Quiere esto decir que no podemos proponernos sueños ideales, metas difíciles u objetivos complicados?…Por supuesto que sí. Pero siendo conscientes de la dificultad y ajustando las expectativas a la realidad. ¿Cómo?:

  • 1.º Plantéate qué cosas de tu día a día son las que contribuyen a que te sientas mejor, a tu bienestar. Esas cosas son las que deben motivarte para conseguir otros objetivos. Por ej. puede que una de esas cosas sean los besos de tu hija. Lo que desees o hagas debe favorecer que eso que te hace feliz se produzca
  • 2º. Piensa que objetivos y metas no has llegado a conseguir pero deseas. Piensa si son realizables. Si no es así, fracciona esos objetivos en otros que sean más asequibles para ti ahora. Puedes modificarlos más adelante
  • 3º. Divide estos pequeños objetivos en otros más pequeños. La idea es conseguir la fracción más pequeña que compone el objetivo final y centrarse en cada una de esas fracciones de cada vez. Esto permite que sea más asequible, más fácil de conseguir y que poco a poco se vaya acercando a otra fracción mayor
  • 4º. ”El movimiento se demuestra andando”. Está muy bien planificar y organizar cómo hacer las cosas pero de poco sirve si solo queda en el papel. Hay que moverse y “hacer”. Conseguirás mejorar tu autoestima al comprobar que eres capaz y que vas consiguiendo logros con poco esfuerzo
  • 5º. Debes reforzar cada uno de estos logros. No se trata de que te “regales” caprichos cada vez que hagas algo por lo que premiarte, basta con que pienses en ello y te reconozcas a ti mismo la importancia de lo que has hecho y el significado que tiene para ti

Si eres capaz de plantear tu vida desde ésta nueva perspectiva conseguirás disfrutar de cada momento que vivas, de cada experiencia y de cada persona que te acompañe en tu camino

Y conseguirás acercarte, casi sin darte cuenta, a tus objetivos finales y ajustados a tu realidad. Puede que ésta nueva actitud sea lo que más te acerque a algo parecido a la “felicidad”

Autor: Montserrat Sanz García