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El Trepa

El Trepa

A lo  largo de nuestra vida todos hemos sufrido, sufrimos o vamos a sufrir la presencia y/o la actuación de un trepa.

La «Real Academia De La Lengua Española» adopta el término arribista para contener el significado de la palabra. Sea como sea, el trepa o arribista es aquel que aprovecha cualquier fisura o resquicio personal y de la situación para pasar por encima de nosotros y conseguir sus objetivos.images-6

Padecer el ataque de uno de estos individuos tiene consecuencias psicológicas para quien lo padece. La impotencia, la frustración, la sensación de estupidez y de incapacidad para defenderse ante individuos de esta clase, nos puede llevar a sentimientos de ansiedad, rabia, tristeza e incluso depresión, ya que consiguen que nuestra autoestima se vea minada en mayor o menor medida. Y el problema fundamental es que su detección es sumamente difícil en muchos casos. Hay algunos a los que se les ve llegar desde lejos y eso nos permite establecer estrategias de defensa para protegernos de ellos. Pero están aquellos, verdaderos artistas del disimulo la falsedad y el engaño, que consiguen atraer la confianza de sus victimas, mostrándose comprensivos, empáticos y cómplices incluso, y aprovechando toda la información y los conocimientos de su victima a la que vampirizan, aprovechan el momento mas oportuno para ellos, para utilizarlas de trampolín para acceder al siguiente nivel, fundamentalmente porque esconden una personalidad insegura que hace que no soporte a nadie que le haga sombra o pueda destacar más que él. Depositphotos_24166125_m-270x270

Cuando algo de esto nos ocurre y después del primer impacto, cuando conseguimos recolocar las piezas de nuestra maltrecha autovaloración y dejamos de estar enfadados con nosotros mismos por haber sucumbido a los “cantos de sirena” del trepa, empezamos a preguntarnos cómo es posible que nos hayan engañado de esa manera, cómo no han saltado nuestras alarmas y no nos hemos dado cuenta del engaño. Y aquí es donde entra el análisis de la psicología del trepa o como se le conoce por su nombre clínico de la “Personalidad autopromotora aberrante”, catalogada como una variante de la psicopatía. Porque evidentemente tienen unas características propias que les permiten actuar como actúan.

En primer lugar su valor moral principal es conseguir lo que desean a costa de lo que sea. Tienen un ego tan grande que el único objetivo de su vida es satisfacerlo sea como sea y a costa de quien sea.

Un trepa no tiene remordimientos de conciencia. Es prepotente. Conseguir lo que quiere está bien y si deja cadáveres en su camino son “daños colaterales”. Cualquier cosa con tal de compensar los sentimientos de inferioridad que les provoca la conciencia de su deficiente potencial propio.

Por otro lado, carece de capacidad de empatía. No es capaz de ponerse en el lugar del otro en cuanto a sentimientos se refiere, entre otras cosas porque suelen ser personas cuyo sentimiento fundamental es el sentimiento de satisfacción por la consecución de sus deseos u objetivos. Además tienen una nula capacidad de sacrificio y aunque son capaces de diferir en el tiempo sus objetivos, no suelen aceptar las frustraciones de forma adaptada. Suelen ser sujetos que en la historia de su vida de una u otra manera se las han ingeniado para salirse con la suya y conseguir lo que quieren y siguen haciéndolo porque les da el resultado inmediato y gratificante de conseguirlo. No consideran que sus actos puedan volverse contra ellos de ninguna manera, entre otras cosas porque piensan que su primer mandamiento que es “YO quiero…”es el único que deben cumplir.

Desde el punto de vista de su personalidad, lo cierto es que no son envidiables en absoluto y tarde o temprano los demás van dándose cuenta de su catadura moral y protegiéndose de ellos, de manera que se les hace el vacío, se les ignora y nos mantenemos apartados de ellos, eso cuando no se les expulsa directamente si se tiene posibilidad de ello. Lo cierto es que ese dicho popular de que “el tiempo pone a cada uno en su sitio” es absolutamente cierto en este caso. Estas personas aunque perciben gratificaciones en su vida a corto plazo, a largo plazo son castigados por sus acciones y necesitan del engaño permanente para conseguir “amigos” y gente a su alrededor.

Así que ya sabéis si tenéis la desgracia de cruzaros con uno y sufrir su engaño, intentad digerir lo mejor posible la traición, la deslealtad y el vampirismo sufrido, aprendiendo de lo ocurrido y teniendo la seguridad de que “a cada cerdo le llega su San Martín”.

Autor: Montserrat Sanz García

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