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Educar a mi hijo

Educar a mi hijo

En las últimas décadas hemos observado cómo los modelos familiares tradicionales, han sufrido variaciones que han desembocado en diferentes formas de convivencia obligando a redefinir los roles dentro de la familia.

Estas modificaciones en el desempeño de nuestro papel como miembro activo familiar, van dirigidas a su organización y dinámica con repercusiones en las necesidades afectivas y el entorno comunitario.

Adaptarnos a “lo nuevo” forma parte de nuestro desarrollo socio-personal y, dentro de ese proceso adaptativo, hemos de acomodar las necesidades que demandan los más pequeños y encajar las piezas del puzzle de la vida.

Para los padres una pieza importante, sino la principal, es la educación. Nadie ha dicho que sea fácil educar y si se trata de los hijos el trabajo se complica.

A diario surgen preguntas relacionadas con el modelo educativo adecuado para fortalecer y favorecer el desarrollo integral de los hijos, queremos dar con la varita mágica que les libre de todos los peligros que les acechan en este mundo hostil y abierto a todo.

Los padres, absorbidos por el ajuste a horarios laborales a veces incompatibles con la crianza, la irrupción masiva de los medios audiovisuales en los escenarios familiares que obstaculizan las relaciones entre los distintos miembros, o las propias dificultades para hacer frente a los continuos cambios personales y/o sociales…; avalan el pensamiento atormentado de cuestionarse como padres.

Desculpabilizar a los progenitores por encontrar dificultades a la hora de buscar soluciones en este arduo camino, es el primer paso para comenzar a solventarlas. El grado de dificultad puede aumentar si no se asumen como parte de lo cotidiano o si se sobredimensionan. Por el contrario, puede sobrellevarse si se tienen en cuenta algunos aspectos en el comportamiento parental que asegure la satisfacción de las principales necesidades de los niños.

Se puede comenzar por fomentar unos vínculos afectivos sanos, estables y protectores que fortalezcan los lazos familiares y adaptarse a las diferentes demandas afectivas a lo largo del desarrollo.

Establecer un entorno estructurado a los hijos, que sirva de guía y orientación en el día a día, creando hábitos y rutinas donde desarrollen los aprendizajes necesarios para crecer. Sin olvidar el establecer límites y normas imprescindibles para regular la conducta.

Tener en cuenta los avances y logros que van adquiriendo con la experiencia, supone dedicar un tiempo a observar las conductas de los hijos y descubrir sus habilidades reforzando y motivando para emprender otras nuevas.

No siempre se estará de acuerdo con lo que hacen, especialmente en la adolescencia, pero sí se puede llegar a entender el porqué de éste o aquél comportamiento. Tener en cuenta su punto de vista abre el de uno mismo, a veces enquistado en la “madurez”, que sienta que su mundo te interesa, da igual que sea grande o pequeño, es el suyo y es importante. Han de sentirse validados y competentes por lo que su percepción del mundo es importante y tú se lo vas a decir.

Si se crean espacios de escucha y reflexión donde formen parte la escuela, los amigos, los adultos de referencia, etc; entonces se les estará capacitando para poder actuar con seguridad ante las dificultades, esas y otras que con el tiempo ellos mismos tendrán que resolver.

 

¿Parece complicado?

 

A.R.V.

MSG Psicología Recoletos

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