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La «depresión sonriente»

La «depresión sonriente»

Muchas personas tienen la creencia de que si no se reconoce que existe algo, es que no existe. Evidentemente, se trata de una creencia errónea y poco adaptativa, porque lejos de desaparecer, los problemas que se niegan tienden a acrecentarse, entre otras cosas, porque no hacemos nada por solucionarlos. Y es en este tipo de personas en las que encontramos con mayor frecuencia lo que hemos dado en llamar la “depresión sonriente”. Son aquellos que en su afán por negar a los demás y a sí mismos lo que les ocurre ni se permiten pensar en ello ni en lo que lo genera, impostan una sonrisa y…”aquí no pasa nada!”.

Pero sí pasa. ¡Vaya si pasa!…

El otro día estalló en consulta…Hacía un mes que venía a terapia por el niño y yo ya intuía que aquello estaba dentro de ella pero pasaba de puntillas cada vez que se “rozaba” el tema y se colgaba esa sonrisa permanente que obligaba a sus labios pero que no podía obligar a sus ojos. Y de repente, cuando menos los esperábamos las dos, estalló. Con la fuerza de un huracán porque cuando las emociones se ocultan hierven por dentro como un guiso con la tapadera cerrada que por algún sitio tiene que expulsar tanto vapor.

Se rompió y se disculpó, e inmediatamente buscó mil justificaciones absurdas a lo que había ocurrido porque no quería enfrentarse a lo que le pasaba, porque pensaba, y lo había hecho durante muchos años, que no reconocerlo era la mejor manera de seguir adelante y olvidarlo, y la mejor manera de mantener su imagen dv5ILke mujer fuerte y poco vulnerable. Solo dos sesiones más adelante empezó a pensar que quizá no le había servido del todo ocultarse lo que le ocurría porque bien mirado hacía mucho que no se sentía bien, que dormía mal, no tenía ganas de nada y estaba cada vez más y más cansada, aunque por supuesto, nunca se le había pasado por la cabeza que pudiera tener depresión. ¿Si hacía bromas, se reía y parecía contenta…cómo podía tener depresión?.

Pues sí, aunque nos pueda extrañar existe ésta forma de presentarse un proceso depresivo y suele tener un peor pronóstico por dos razones:

  • porque el afectado tarda mucho más en buscar apoyo al no reconocer su posible existencia, y
  • porque al tratarse de personalidades con dificultad de reconocimiento emocional, es más difícil trabajar sobre las  emociones que están implicadas en todo proceso psicológico.

Hay personas que arrastran éste tipo de depresión durante años, realizando una larga peregrinación por especialidades médicas que den explicación a los síntomas físicos con los que su organismo pretende darles aviso.

El mayor problema es que ellos no reconocen lo que les ocurre y los que están a su alrededor tampoco porque su comportamiento y funcionalidad ( hacen y llevan una vida completamente normal) no se ajusta a la idea que popularmente se tiene de una persona deprimida. Por eso cuando se quejan a sus allegados de que tienen insomnio, falta de motivación, o están más cansados de lo habitual, estos les aconsejan realizarse una analítica o les recomiendan reconstituyentes, pero ni se les pasa por la cabeza que su pareja, madre/padre, hijo/a y/o amigo/a pueda tener una depresión.

En la mayoría de los casos son los médicos de familia los que “dejan caer” esa posibilidad y recomiendan medicación o les sugieren solicitar ayuda de un Psicólogo. De ésta forma, cuando llegan a nosotros aunque aún no “han digerido” que lo que les pasa responda a una depresión, sí van abriendo la puerta a esa posibilidad.

Trabajar sobre la aceptación y reconocimiento de las emociones es en estos casos uno de los primeros pasos, ya que suelen ser personas que presenta bloqueos emocionales importantes. Transformar la idea de que por expresar nuestras emociones no somos más vulnerables ni parecemos más débiles que si no lo hacemos, es otro punto importante.

Ambos serían aspectos clave en éste tipo de depresión. Una vez superados ambos la depresión será tratada como cualquier otra.

Si te has visto identificado en el contenido de éste artículo, o a alguien cercano a ti, actúa. Busca ayuda en tu entorno. Comenta con alguien de confianza lo que te ocurre y busca ayuda profesional. Cuando lo hagas conseguirás sonreír con los labios y con tu mirada porque la sonrisa será indicio de tu bienestar real y no una máscara que oculte a los demás tu dolor interno.

Autor: Montserrat Sanz García

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