Deberes Sí, Deberes No

Antes de escribir éste artículo he contrastado opinión e información con los profesionales dedicados a la enseñanza. Mi experiencia profesional me hace tener una opinión formada sobre el tema, pero quería conocer el punto de vista de los profesores y pedagogos que son quienes conocen qué enseñar y cómo hacerlo.

Empecemos por algo en lo que muchas veces observo confusión: el colegio (los profesores), son los encargados de enseñar conocimientos a los alumnos y herramientas adecuadas para adquirirlos. La educación corre a cuenta de los padres y la familia.

Es algo muy obvio pero nos encontramos en muchas ocasiones con padres que vuelcan su responsabilidad de educar, en el colegio. Y ahora también estamos viendo lo contrario. Esto es, los padres se arrogan la autoridad para determinar cómo deben hacer su trabajo los docentes. 

(¿Acabaremos enmendando la plana al médico dictándole qué tratamiento debe prescribirnos para tratar nuestras patologías?. Porque el camino es el mismo)

Los profesores con los que he hablado, me dicen que las tareas sirven para: reforzar los aprendizajes que se realizan en clase cada día, que miden mucho la carga de tareas para que sean ajustadas a la edad de los alumnos, y que son necesarias para instaurar una rutina de estudio y de organización para cursos superiores.

Desde la Psicología se reafirman algunas de esas afirmaciones. El niño necesita crear una rutina de trabajo. Saber que es su responsabilidad hacerse cargo de sus estudios y tareas escolares, les enseña a:

  • organizar sus tiempos
  • organizar sus actividades
  • fraccionar las tareas para que les resulten más asequibles
  • puesto que son los únicos responsables de “su” trabajo, les supone una fuente de refuerzo de su autoestima
  • les hace poner en marcha herramientas y estrategias que van a utilizar en el futuro laboral y personal. Como aprender a trabajar en equipo, a colaborar, a negociar con otros, a hacerse responsable de su parte de trabajo, etc.

Cierto es que se les puede ofrecer la posibilidad de adquirir todos estos aprendizajes a través de tareas creativas, en equipo y más lúdicas. Y de hecho es lo que hacen o intentan hacer la mayor parte de los profesores actualmente.

¿Por qué, entonces, supone un problema el encomendar deberes a los críos?. Fundamentalmente por dos aspectos:

  • Sobrecarga de los niños con actividades extraescolares (marcadas en muchos casos por la necesidad de los padres de tener a los niños “colocados” mientras trabajan)
  • El hecho de que los padres asumen la responsabilidad de las tareas de los hijos.original

Tengo casos de chavales de 10 años que van al colegio a “madrugadores” y después de las clases, del comedor y de un par de actividades extras, llegan a casa a las ocho de la tarde, cansados, hartos y con poco ánimo para dedicarse a lo que de verdad deberían dedicarse: jugar y reforzar los conocimientos del día. Los padres les traen a consulta porque se muestran rebeldes, desmotivados, irritables, con problemas de sueño, etc. y apuntan a la carga de deberes como la causa. Pero la causa está en “embarcar” a los chicos en actividades que ni siquiera les gustan (“tiene que aprender violín porque me han dicho que eso desarrolla mucho la capacidad mental”), que les cansan y les hace sentir que “molestan” en su casa y que son causa de problemas. Algo, por cierto, que refuerzan los medios de comunicación cada vez que llega un periodo de vacaciones y presentan como noticia “el problema al que se van a enfrentar los padres cuando los niños estén en casa”.20150407el-consumismo-extraescolar

Es cierto que la situación socioeconómica actual es complicada, pero también lo es que la paternidad debe ser una decisión responsable y muy meditada, porque puede ser una experiencia única y maravillosa, pero no está exenta de problemas y de responsabilidades. Y entre esas responsabilidades no está la de hacerse cargo de lo deberes de los hijos. Socorrer ante una duda, orientar sobre las fuentes de información, es lo correcto. Correr a comprar material para elaborar la manualidad encargada al niño, sentarnos con él para que haga los deberes, hacerle los resúmenes, los esquemas (lo he visto en consulta), NO. Pero claro, es fácil entender que los padres que actúan así, vean como un “castigo divino” los deberes que se encomiendan a sus hijos. Después de ocho horas de trabajo, la compra, lavadoras, cenas y demás, añadirle los esquemas de la lección o preparar un examen tiene que ser un suplicio. La cuestión es que ese suplicio es autoinfligido y además contraproducente para el aprendizaje a todos los niveles de los hijos.

Después de estos argumentos, seguir culpando a los deberes escolares de la falta de tiempo de juego (ese es otro tema aparte, porque jugando con una pantalla ¿fomentamos algo positivo?), o de tiempo en familia, es una manipulación maniquea de la realidad.

Como en tantas otras ocasiones maquillar la realidad no la cambia. Y la realidad es que un funcionamiento social que obliga a que los hijos deban estar siempre “ocupados” para que los padres puedan trabajar y los convierte en un “problema” en vez de en una solución, no es una sociedad sana. Pero cada uno de nosotros (que formamos la sociedad, al fin) podemos poner nuestro pequeño grano de arena en transformarla, aportando sensatez y perspectiva a estos temas que condicionan la formación y el futuro de nuestros hijos, y no dejando que las propias necesidades y las manipulaciones externas nublen nuestro entendimiento.

Dejar que los profesionales se ocupen de su trabajo sería una medida inteligente. A fin de cuentas, se han preparado para ello y están en las aulas palpando las necesidades de los niños, que es su objetivo.

Además, los padres que han llamado a la “insumisión” escolar, ¿son conscientes del efecto que éste modelo de comportamiento va a tener en sus hijos?.

Restar es poco decir. Más bien, anulan la autoridad del docente, y por ende, la suya propia. El mensaje que se envía a los chicos es: “cuando algo no te gusta, da igual quien lo diga, lo puedes rechazar”. Y saltada la autoridad en el cole, ¿por qué no la de casa?…

 

Autor: Montserrat Sanz García