Cuando el optimismo no es suficiente

Un joven de 20 años ha muerto a consecuencia de la leucemia que sufría hacía 2 o 3 años. Su caso no es especial. Hay muchos como él. Lo que lo hace especial es que ha retransmitido todo el proceso de su enfermedad a través de las redes sociales y ha utilizado ésta plataforma y la de los medios de comunicación para pedir que los que no estamos enfermos hagamos algo por los que sí lo están, donando médula. Desde su muerte los medios nos bombardean con titulares y expresiones como “un gran luchador”, “fuerte”, “positivo”, “le ha vencido la enfermedad”, etc.

Uno de los programas que están en marcha en nuestra consulta es un programa específico para enfermos de cáncer y sus familias.

El cáncer es cada vez más frecuente. 1 de cada 3 hombres y 1 de cada 4 mujeres lo sufrirán a lo largo de su vida. Las necesidades de investigación sobre el tema son evidentes tanto por el nº de personas afectadas de una u otra manera (en el cáncer no solo el enfermo es el afectado, la familia y allegados también lo sufren ), como por el sufrimiento físico y psicológico que acompaña a lo largo de todo el proceso al paciente. Y como consideramos que la familia se encuentra tan pérdida, desorientada y angustiada a veces incluso más que el propio enfermo, extendemos la atención psicológica a ellos sea cual sea el final del periplo de la enfermedad.

Y así llegó Fernando delante de mí. Destrozado, llorando angustiado y con un duelo complicado tras la muerte de su mujer que nos llevó tiempo de trabajo. Algo que provocó éste duelo complicado fue el enfado que mostraba hacia María porque consideraba que “no había luchado lo suficiente”.

Y sí, a esto es a lo que quiero llegar. El cáncer es una enfermedad que aparece aleatoriamente independientemente de la fuerza física o psicológica del individuo. Sobreviene como sobreviene la artrosis, la diabetes o un apendicitis. Pero a nadie se le ocurre en estos casos decir que hay que “ganar una batalla”, o “luchar” contra ello. Más bien, todos aceptamos que son cosas que llegan y con las que hay que aprender a vivir de la mejor manera posible.

El lenguaje “bélico” que se utiliza para los enfermos de cáncer es absolutamente negativo para ellos y para quienes les rodean. Le da al paciente la idea de que su curación depende de él y cuando ésta no ocurre o aparecen recidivas la conclusión lógica es que se es un perdedor, o algo no se ha hecho bien, o no se ha esforzado bastante. Además se añade una presión excesiva y gratuita a la persona que como consecuencia de los distintos tratamientos se encuentra débil y cansada. Y se transmite a los allegados la idea de que presionar al enfermo para que esté animado, positivo y fuerte, es lo mejor que pueden hacer por ellos. Nada más lejos de la realidad.

Cuando estamos enfermos nos sentimos vulnerables, débiles y dependientes y necesitamos sentirnos arropados, escuchados y reforzados. No se trata de considerar al enfermo una persona “dependiente”, pero tampoco presionarle para que siga realizando sus tareas o manteniendo la actitud de siempre como si nada pasara.

Los expertos médicos y psicooncólogos hace tiempo que vienen advirtiendo de las consecuencias de esta creencia generalizada y errónea; pero no debemos olvidarnos de los que les rodean. Creer que por el hecho de estar más positivo y alegre el cáncer de su madre, esposa, hijo o padre se curará, le generará unas expectativas falsas que le van a llevar a realizar unas exigencias al enfermo injustas y contraproducentes. Y si esas expectativas no se cumplen (su familiar se pone peor y/o fallece), se une al dolor de la pérdida, el enfado porque consideran en cierta medida responsable al finado de su muerte por “no haber luchado lo suficiente”.

Fernando llegó con esa argumentación. No entendía porque su mujer le había “abandonado“ (como si fuera algo voluntario) con dos niños pequeños. “Tenía que haber luchado por mí y por sus hijos, pero se rindió”; y por ello estaba lleno de rabia y de odio por la persona a la que más quería. Podéis imaginar el tumulto emocional que llevaba consigo…

Desgraciadamente un cáncer en fase cuatro sigue su curso si no lo frena la quimio o la radio. Estar animado va a ayudar al paciente a afrontar mejor lo que le ocurre, pero nada más. “Si tengo que pasarlo, pasarlo lo mejor posible”, es algo que me ha dicho alguna paciente en la sala de quimio y es absolutamente cierto. Pero entender que el optimismo y el buen ánimo sean determinantes para curar la enfermedad es generar expectativas inciertas, exigentes y contraproducentes para el paciente y quienes viven la enfermedad con ellos.

Autor: Montserrat Sanz García