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Conflictos en la pareja y vacaciones

Conflictos en la pareja y vacaciones

Compartir nuestra vida física y emocional con otra persona puede ser fuente de muchas gratificaciones o de muchas frustraciones. En general suelen darse ambas situaciones en el balance de una vida en común y desde luego lo que está presente siempre, al igual que en cualquier otro tipo de relación interpersonal, son los desacuerdos y los conflictos.

Como dice la sabiduría popular “la convivencia provoca los roces…”, y efectivamente así es. Por eso en los primeros momentos de las relaciones de pareja cuando se está en unafuegos primera fase de conocimiento donde lo que el otro nos ofrece mayormente son situaciones de gratificación y en situaciones agradables, los desacuerdos son menores y nos parece que la interacción con el otro “marcha sobre ruedas”.

Es más adelante (normalmente) cuando se inicia la convivencia y se “baja al suelo” de la realidad cotidiana, cuando aparecen los desacuerdos y los conflictos alrededor de los pequeños y grandes temas de la vida en común. Y es en estos momentos cuando se ponen a prueba nuestras capacidades para gestionar los conflictos; máxime cuando es una de las situaciones donde aparecen con gran intensidad las barreras emocionales que ya mencionamos en el anterior artículo y que suelen distorsionar el conflicto, dándole magnitud y ayudando a su mantenimiento y/o enquistamiento con lo que esto añade de complicación a su resolución.

Suele ocurrir que la pareja se enfrenta a ciertos temas conflictivos utilizando la “estrategia del avestruz” («no hablo de ello…no existe»), generalmente porque se percibe que discutir sobre determinados temas puede tener consecuencias muy negativas. Y de este modo nos hemos encontrado en la consulta con parejas que después de 17 o 20 años, por un pequeño conflicto han detonado “la bomba de relojería” que venían ignorando durante toda su historia en común.

Ocurre en muchos casos que los temas conflictivos son tantos que el miedo a no tratarlos hace que llegue un momento en que no se tenga nada de qué hablar. Y éste miedo puede venir explicado porque el conflicto se resolvería de forma negativa ( por ej. con una ruptura) , o bien porque no se resuelve de ningún modo (por ej. uno de los dos solicita un cambio de comportamiento al otro que nunca se produce, a pesar de que ha sido bien comunicado y el otro dice desear cambiar).

Como ya hemos ido viendo a lo largo de ésta serie de artículos donde hemos hablado de la comunicación y de la forma de gestionar y resolver un conflicto, los problemas de comunicación suelen tener un papel importantísimo en la resolución de conflictos, pero desgraciadamente no son los únicos responsables. Y decimos desgraciadamente, porque su manejo es relativamente sencillo, algo que no ocurre con el componente emocional.

La cuestión es que las personas suelen «importar» a la relación de pareja sus propios problemas personales (por ej. baja autoestima, inseguridad, dificultades de relación…) de los cuales hacen responsables al otro, que a su vez carga con su propio peso, todo lo cual contribuye a complicar la interacción de ambos. Y todo esto hace que si no se tiene un apoyo, profesional o no (a veces es suficiente un buen amigo), adecuado, la conflictividad se vaya arrastrando a lo largo del tiempo ayudada en muchos casos por el poco tiempo que se comparte en la vida normal (los horarios de trabajo, los niños….) y por lo tanto las pocas ocasiones en que los choques se pueden producir.CLAVES-EVITAR-CONFLICTOS-DISFRUTAR-VACACIONES_CLAIMA20120103_0072_22

Pero llegan las vacaciones. ¡Por fin!…dirán muchos. Tiempo de descanso y de ocio. ¿Descanso?, ¿de verdad?…Porque para estas parejas en las que el conflicto es un compañero mas que va al viaje vacacional puede convertirse en un martirio que desemboque en una ruptura. No en vano, las estadísticas nos dicen que después de unas vacaciones o de que las parejas tengan oportunidad de pasar más tiempo juntas los índices de separaciones son de un 28% en verano, dándose otros repuntes en Semana Santa y Navidad. Y en los mismos términos podemos hablar del nº de parejas que buscan ayuda antes de dar el paso definitivo de la ruptura.

En estos últimos casos, y sobre todo si la decisión de buscar ayuda es de ambos miembros, el hecho de que sean conscientes de que tienen problemas de los cuales ambos son responsables en mayor o menor medida, aumenta la probabilidad de éxito de la terapia y/o mediación, aunque esto dependerá en ultima instancia del empeño que ponga cada uno en resolver los conflictos y en realizar los cambios necesarios para ello.

Valorar la situación de una forma lo más realista y objetiva posible, y valorar las consecuencias de una u otra toma de decisión nos parecen premisas básicas que deben tener en cuenta ambos miembros de la pareja antes de adoptar una determinada actitud y resolución del conflicto. Y nos parece básico porque en su mayoría (depende de los casos evidentemente), las primeras consecuencias que genera una ruptura generalmente son peores de lo que ambos esperan cuando se toma la decisión...y no siendo que los desencuentros sean realmente insalvables, merece la pena esforzarse para dar una oportunidad a una relación por la que apostamos en su momento.

Autor: Montserrat Sanz García

 

 

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