Sobre la Responsabilidad

En el visionado de uno de los muchos debates periodísticos que tanto proliferan actualmente, ha llamado mi atención la intervención en uno de ellos del reportero de la BBC en España, diciendo que una de las cosas que más le sorprenden de nuestro país, es la capacidad infinita que presenta la clase política y los españoles en general para buscar otros en quienes recaigan las responsabilidades de aquello que nos ocurre .

Realmente ésta reflexión de alguien que nos observa desde fuera y por tanto sin implicación emocional nos debe servir como base de autocrítica; porque ciertamente la característica que destaca éste ingles se da con una frecuencia excesiva en nuestra sociedad.

Dejando de lado el hecho de si esta tendencia es unicamente propia de nuestro país o por el contrario común en la mayoría de las sociedades desarrolladas, lo cierto es que en los últimos tiempos venimos asistiendo a una crisis de valores denunciada por educadores y sociologos, uno de cuyos reflejos es la evasión de responsabilidades de la que hablamos en éste artículo.

Pensar que son “otros” los que tienen “la culpa” de nuestra situación actual, se refiera ésta a la macroeconomía o a nuestra relación de pareja (por ej.), descarga nuestra “conciencia” de posibles culpabilidades y sobre todo, nos pone a salvo del esfuerzo de hacer algo para cambiar las cosas: “puesto que nada depende de mí, nada de lo que yo pueda hacer o dejar de hacer servirá para que cambie una situación que es responsabilidad del otro”.

Pero esta actitud , que sin duda resulta muy cómoda, es asimismo inútil…porque nos  incapacita para cambiar las cosas que no nos gustan o nos hacen sentir mal. Nos lleva a pensar y creer que nuestra vida no depende de nosotros mismos, sino de los demás y ello por sí mismo, provoca incertidumbre (no podemos controlar los deseos y consecuentes actos de los demás) y ansiedad (no sabemos qué nos espera ni cuando) , emociones ambas negativas por cuanto nos hacen sentir mal y nos alejan del bienestar psicológico y la felicidad.

Sin embargo, con mucho, ésta suele ser la actitud inicial más frecuente de muchos de los pacientes que acuden al Psicólogo. Pretenden cambiar su vida, solucionar aquello que les hace sufrir y se encuentran con que lo primero que tienen que hacer para conseguirlo es reconocer su responsabilidad en todo cuanto les ocurre y/o en cómo viven lo que les ocurre. Reconocer que solo ellos son dueños de sus vidas y que por ello son los únicos que deben tomar las riendas y decidir cambiar las cosas y hacerlo. En general, todos ellos suelen coincidir en que ésta etapa del proceso terapéutico con parecer sencilla, es una de las más duras y difíciles por las que deben pasar; y una de las más determinantes, porque cuando lo consiguen tienen medio camino recorrido.

Solo cuando uno se siente responsable de su vida y con poder para dirigirla de un modo eficaz y satisfactorio (entendiendo esto por conseguir llegar a donde queremos llegar sintiéndonos lo mejor posible), es cuando puede plantearse qué tiene que hacer para conseguir los cambios que desea, es cuando puede utilizar las herramientas que se le pueden ofrecer y cuando es capaz de reconocer su propio esfuerzo y sus logros a lo largo de éste proceso.

La responsabilidad así entendida, es por tanto, en el proceso terapeútico, esencial. El hecho de que nos encontremos en una sociedad en la que, como comentaba nuestro corresponsal británico, sea algo generalizado “echar balones fuera”, hace que sea esa una actitud «aprendida » por gran parte de la población  y que dificulte a muchos de los que inician un tratamiento psicológico, la evolución del mismo.

Es por ello que parte de nuestro esfuerzo como psicólogos va a ir dirigido a motivar al paciente/cliente a «reaprender» una actitud nueva en la que aprenda a responsabilizarse de su vida y a tener poder sobre ella.

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