Vacaciones en familia…¡con un adolescente!

Casi acabando la temporada de vacaciones observamos que éste periodo puede pasar una factura importante a padres e hijos en su convivencia y relación diaria. Por eso,  aunque un poco ajustado en el tiempo por cuanto para muchos hubiera resultado más útil en Julio, hemos querido hoy hablar sobre ello.

Para muchos padres afrontar las vacaciones cuando su hijo o hija está en plena adolescencia, supone un factor importante que casi garantiza unas vacaciones para olvidar.

Muchos padres consultan desorientados por las actitudes y comportamientos de esos hasta hace poco tiempo adorables niños que de pronto se han convertido para ellos en unos desconocidos con los que no saben qué hacer.

Ante todo no perder la calma y no personalizar sus reacciones. Tendemos a considerar que todo lo que nos hacen quienes nos rodean tiene que ver con nosotros personalmente, con algo que hemos hecho o dicho o no hecho ni dicho. Pero esto no siempre es real. De hecho la mayoría de las veces, las respuestas y actitudes de los demás tienen más que ver con su propia circunstancia personal, que con los demás. Y en el caso de los adolescentes esto es más que frecuente.

Los cambios físicos y emocionales que se sufren a ésta edad mantienen a los chicos /as en una permanente noria que tan pronto les lleva al optimismo más extraordinario como les sume en una tristeza inexplicable y sin razón. A esto le sumamos inseguridades, miedos y frustraciones varias, y tendremos la explicación perfecta a los comportamientos mucha veces erráticos de nuestros hijos.

Y es que conocer las causas de algo no justifica la circunstancia ,pero sí ayudan a entenderla y a afrontarla de otra manera. Por eso, conocer lo que bulle en la mente y el cuerpo de un adolescente es fundamental para que entendamos porque ese dechado de dulzura y amabilidad en otro tiempo, se ha convertido en un ser cortante, malhumorado, irritante e irritable, cansado a veces y a veces imparable.

Está deseando salir de vacaciones, volver a ver a los amigos del verano, ir a la playa y hacer cosas nuevas, pero una vez allí no quiere ir a la playa quejándose del calor o la arena, tenemos que animarle a salir con los amigos de otros años y se niega a excursiones y actividades esgrimiendo que es “un rollo” o que “no le dejamos en paz”.

¿Que hacer ante esto?. Lo primero respirar y relajarnos; y después intentar “empatizar”, esto es, intentar ponernos en su lugar y en como puede sentirse en ese momento que explique su comportamiento. Quizá no quiere ir a la playa porque se avergüenza de su cuerpo, o le gusta determinada chica y no le apetece ir con otros chicos a los que ve como competidores.

Nos pueden parecer cosas intrascendentes…Para nosotros. Pero para ellos esas pequeñas cosas son un mundo, su mundo. Y no es difícil de entender si recordamos nuestra propia adolescencia.

Observar sus reacciones, sus comportamientos en determinadas situaciones nos puede dar pistas de qué le ocurre. Pero no debemos abordar lo que creemos que le pasa sin que él/ella nos lo diga antes, porque daremos la sensación de prepotencia, de superioridad, de estar de vuelta y todo ello disminuirá la probabilidad de que hable con nosotros. Fomentar una conversación distendida, fluida nos llevará al meollo de su “problema” de forma casi inadvertida y cuando lleguemos a ello evitemos “sentar cátedra”. Dar nuestra opinión en forma de sugerencia y dejar claro que queremos escuchar la suya y la respetamos hará que las situaciones pierdan tensión y seamos capaces de gestionar esas pequeñas crisis de forma más satisfactoria para que todos estemos mejor.

A fin de cuentas es el objetivo de unas vacaciones ¿no?

 

Autor: Montserrat Sanz García